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El presente artículo fue escrito por Eneas Biglione, Director Ejecutivo de la Fundación HACER. Publicado originalmente en HACER.org.

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Hartos de las regulaciones innecesarias, los presupuestos desorbitados y los burócratas del Parlamento Europeo diciéndoles qué deben hacer, el 52% de los habitantes del Reino Unido votó ayer en favor de salir de la Unión Europea. Una decisión valiente y polémica, que esperamos sirva de lección para toda Europa y el mundo.

Dicha decisión constituye claramente un desafío al “establishment” global y al socialismo económico de todos los partidos alrededor del mundo. Los grandes perdedores en la pulseada política por mantener al Reino Unido dentro de la Unión Europea fueron claramente el Presidente Barack Obama y los líderes de la OTAN, que buscaban evitar esta decisión ejerciendo una fuerte presión internacional.

Los votantes del Reino Unido basaron su decisión en el déficit democrático impuesto desde Bruselas (aduciendo que al Parlamento Europeo le falta legitimidad democrática para imponer o rechazar legislación dentro de la Unión Europea), el gran costo anual de pertenecer a la UE (más de 13 mil millones de libras al año, recibiendo menos de la mitad en “beneficios”) y la clara debilidad de la mayoría de las economías de la euro zona (con Grecia e Italia encabezando la lista) abocadas a redistribuir riqueza entre países en lugar de multiplicarla.

El Brexit constituye un duro golpe a la Unión Europea y sus partidarios temen que eventualmente pueda contagiar a otros países miembros. Una encuesta reciente del Pew Research Center muestra que en Francia, país fundador de la UE, tan sólo el 38% de los ciudadanos tienen una imagen favorable de la misma, es decir una imagen favorable un 6% inferior a la de los habitantes del Reino Unido. Por otro lado, en ninguno de los demás países donde se practicó la encuesta, hubo apoyo suficiente a la idea de transferir poder a Bruselas. Esto debería llamar a los líderes de la UE a poner las barbas en remojo y hacer una fuerte autocrítica hacia sus políticas intervencionistas.

Por su parte, y más allá de todo el revuelo que levanta la noticia, el Reino Unido sigue siendo la segunda economía más grande de Europa, miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y un país con excelentes relaciones con Washington DC. Por lo tanto, fuera de la UE el Reino Unido seguirá siendo un jugador de gran importancia en el ámbito internacional en cualquiera de los escenarios posibles.

En materia económica interna, los que se oponían al Brexit han augurado una fuerte recesión en el Reino Unido, pero las autoridades de su Banco Central han salido a confirmar a los medios internacionales que su país está bien preparado para afrontar los cambios que se vienen. Está claro que la Unión Europea no puede permitirse un desprendimiento total del Reino Unido, y viceversa. De hecho las partes ingresan ahora a un período de dos años donde se negociarán los términos y condiciones de esta polémica pero mayoritariamente positiva separación.

Un Reino Unido independiente, en pleno siglo XXI, tendrá la capacidad de volver a convertirse en el ícono de libertad que fuera en su momento para toda Europa y el mundo. Si el resto de la Unión Europea decide aprender la lección, los habitantes de sus países miembros podrán eventualmente gozar de una mayor libertad y una auténtica prosperidad económica.

 

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El liberalismo posee una lógica implacable y una experiencia innegable. Su argumentación consolida la idea, cada vez más clara, que la calidad de vida de las personas está íntimamente relacionada con su libertad individual. Por su parte, ha sido evidente el fracaso que ha tenido la implementación de un orden político socialista. Empero, las políticas colectivistas en general siguen siendo altamente demandadas por la sociedad y se siguen aplicando pese a sus terribles consecuencias.

David Hume nos explica que por medio de la experiencia[1] podemos recibir impresiones de modo directo o mediante la reflexión, y que de estas impresiones podemos obtener percepciones derivadas o ideas. Es decir, las ideas, que son fenómenos de la fantasía y de la memoria, se forman con base en las impresiones que recibimos de nuestras experiencias. En todo caso, las ideas son menos intensas o vivaces que las impresiones.

Para Hume solo existe un campo donde reina la razón y es en el mundo de las ideas puras, pero sostiene que éstas carecen de vitalidad, fuerza o energía propia; es decir, son incontaminadas e incontaminables por las pasiones, siendo éstas las que motivan la acción humana.

Es bien sabido que el liberalismo ha sido acogido generalmente por círculos intelectuales, quienes han hecho un esfuerzo por consolidar un razonamiento impecable y es por esto que las ideas liberales muchas veces son presentadas ante la sociedad como ideas puras y, por ende, carentes de pasiones. Incluso en las discusiones morales, el liberalismo se presenta bajo una lógica argumentada con base en los principios de vida, libertad y propiedad; sin embargo, esta idea no parece predominar en el mundo de los juicios normativos, siendo opacada por el tergiversado término de justicia social e igualdad de condiciones. El problema se encuentra en que las ideas puras no pueden incidir en las conclusiones morales ya que, en el mundo de los valores, lo decisivo son los sentimientos. Habría que preguntarse entonces cómo hacer del liberalismo un sentimiento.

En los países con ciertos grados de libertad se pueden encontrar personas que, a pesar de percibir por medio de la experiencia ciertos beneficios de un orden liberal, siguen apoyando las ideas colectivistas. El planteamiento hasta ahora presentado puede explicar este fenómeno.

Rechazando la idea de que estas personas puedan ser masoquistas o tener poca capacidad cognitiva, al parecer, el colectivismo han prestado más atención en incidir en los sentimientos mientras que los liberales han dedicado sus esfuerzos en fortalecerse en el mundo de las ideas. Esto, bajo la filosofía de Hume, es estratégicamente un fracaso, pues como se dijo anteriormente, las ideas son menos intensas o vivaces que las impresiones.

Y si el rechazo (o desconocimiento) hacia el liberalismo ha de preocupar en los países donde se ha experimentado cierto grado de libertad, preocupa aún más en aquellos países hasta ahora sentenciados a permanecer bajo la sombra del Estado. ¿Cómo mostrar las bondades del liberalismo en un país donde la clase política es colectivista y la concepción generalizada que se tiene sobre las funciones del Estado está tergiversada[2]?

Atendiendo de nuevo a la teoría del conocimiento de Hume, nuestras percepciones más simples[3] las vamos conectando por medio de la costumbre o hábito mental hasta formar ideas complejas. De esta manera, formamos nuestras creencias y éstas son un principio de acción.

Las personas que viven en países tradicionalmente colectivistas se encuentran permanentemente en un entorno coactivo. Las impresiones sensibles se nutren de una experiencia antiliberal, lo que sesga el conocimiento y las creencias. Por ejemplo, la creencia generalmente aceptada en Latinoamérica sobre la función del Estado se basa en la redistribución de la riqueza. Se cree abiertamente que la pobreza es consecuencia de la explotación del capitalista y, por ende, aún persiste esa idea de lucha de clases sociales. Esto ha sido identificado como marxismo cultural.

El meollo se encuentra en cómo generar ideas afines a la libertad en un entorno donde las impresiones que se obtienen de la experiencia están cargadas de un colectivismo que ha sido sistematizado por la costumbre y, por lo tanto, ha imperado en la creencia de las personas.

La respuesta la da Hume en su teoría de la ética y en su concepto de simpatía: como se mencionó anteriormente, la moralidad no está fundamentada en la razón sino en los sentimientos. Esto es justificado porque los hechos, tal como los percibimos, nos muestran las cosas como son, no como deben ser[4]. De la simple observación no se puede deducir un juicio moral ya que la bondad o maldad no es algo que pueda incluirse como propiedad real de lo que valoramos. La moralidad en cambio se ocupa del deber ser y es por eso que, al no poder extraer de la experiencia argumento alguno, apela al sentimiento, a las pasiones, siendo estas últimas impresiones de las percepciones del espíritu.

Hume identifica elocuentemente lo que podría ser la explicación a uno de los grandes problemas del liberalismo. Menciona en su Tratado[5] que un placer conocido (por ende ya experimentado) nos afecta más que otro del cual tenemos información e incluso podemos considerarlo superior pero que hasta el momento no hemos experimentado[6]. Esto ocurre porque de la primera pasión podemos formarnos una idea particular y determinada, mientras que de la segunda sólo tenemos una idea general. Según Hume, estas ideas generales y universales son las que menos influencia tienen sobre la imaginación, y este punto es importante porque la imaginación tiene una gran influencia sobre las pasiones.

Una de las formas de estimular la imaginación es a través  de la elocuencia. En palabras de Hume[7], “es difícil para nosotros negar nuestro sentimiento a lo que nos es descrito con los vivos colores de la elocuencia, y la vivacidad producida por la fantasía es, en muchos casos, más grande que la que surge de la costumbre y la experiencia”.

Es decir, Hume reconoce que la elocuencia puede generar la misma vivacidad que las impresiones de la experiencia, lo que implica el mismo efecto sobre las creencias. Sin embargo, Hume aclara que la elocuencia no siempre es necesaria y que “la simple opinión de otra persona, especialmente cuando está reforzada por la pasión, producirá una idea del bien o el mal que influya sobre nosotros, y que de otro modo sería totalmente olvidada[8]. Esto es posible por el principio de la simpatía, siendo ésta “la conversión de una idea en una impresión por la fuerza de la imaginación[9].

La simpatía se convierte entonces en el camino alternativo que el liberalismo debe adoptar ante un contexto colectivista que no permite a las personas generar un conocimiento pro-libertad. A su vez, es a través de la simpatía como se deben estimular las pasiones y, de esta forma, hacer del liberalismo un sentimiento.


[1]Hume denomina la experiencia como percepciones del espíritu.

[2]Es normal para un ciudadano venezolano pensar que el Estado debe dar respuesta a todos o casi todos los problemas sociales y personales

[3]Recordemos que Hume llama percepciones del espíritu a los hechos de la experiencia

[4]Cualquier forma de deducir normas morales se convierte en una falacia naturalista

[5]Hume, David. Tratado de la Naturaleza Humana. Libros en la red. 2001. Pág. 309.

[6]Literalmente el refrán “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” se ajusta perfectamente a lo que Hume expuso.

[7]Hume, David. Tratado de la Naturaleza Humana. Libros en la red. 2001. Pág. 103

[8] Ibíd. Pág. 309

[9] Ibíd. Pág. 309

 

También te recomendamos leer:

 

¿Qué son los impuestos? ¿Para qué sirven? ¿Son necesarios? ¿Tienen alguna repercusión sobre la libertad de los individuos? ¿Qué alternativas existen si es que las hay? Estas y otras preguntas acerca de la complejidad de los impuestos son respondidas por Jean Masoliver Aguirre, nuestro invitado para el cuarto episodio de Libertad Stereo. Masoliver es Investigador de la Fundación para el Progreso (Chile), además de ser Politólogo con especialidad en Gobierno y Gerencia Pública de la Universidad Alberto Hurtado. En adelante se muestran algunas de las reflexiones que Masoliver ha hecho en torno al tema de este episodio “Impuestos y libertad”, al final del post puedes encontrar y escuchar el podcast completo.

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El impuesto desde un punto de vista teórico liberal vendría siendo una contribución obligatoriamente entregada por parte de los ciudadanos al Estado, para que éste pueda realizar las acciones que los gobernantes juzguen convenientes, con independencia de si son muchos o pocos, o son buenos o son malos. En términos objetivos, el impuesto es una coacción que el Estado hace a los ciudadanos, expropiándoles parte de la canasta que obtienen por el uso de su esfuerzo y su trabajo. La utilidad que tienen los impuestos depende mucho de lo que los gobernantes decidan y, en general, está sometida a lo que el arbitrio de los gobernantes, en cualquiera de sus formas, determine.

Los impuestos no son una forma de redistribuir, son una forma de empobrecer a la sociedad. De hecho, en general donde hay menos impuestos es donde hay más progreso económico, y donde hay más progreso económico hay más empresas y hay más trabajo, y donde hay más trabajo hay mejores sueldos, y donde hay mejores sueldos los ciudadanos salen de la pobreza.

Si nosotros nos abanderamos con las ideas de la libertad, lo que tenemos que pensar es en cambiar al Estado tal como está. Una de las críticas fundamentales al Estado es la de los impuestos, pues son eminentemente coactivos. Y si pensamos con la lógica que tenemos hoy en día del Estado, pensar en un Estado sin impuestos sería algo contradictorio. Entonces lo que tenemos que pensar, primero, es un Estado que se funde en un ideal clásico de la libertad, que es el de consentimiento. Toda acción Estatal, toda acción gobernativa de hecho es consentida por los ciudadanos, y eso desde John Locke y hasta nuestros días es algo que se comparte, en general, en la teoría de la libertad. Los impuestos por ser “impuestos” no son consentidos, y tenemos que pensar entonces modelos de Estado que permitan ese consentimiento. Allí yo no tengo dudas en proponer el surgimiento de modelos de Estado que sean mucho más pequeños tanto en lo territorial como en sus atribuciones, que se financien necesariamente de forma voluntaria. Y eso no lo digo solamente yo, lo dice Ayn Rand y en cierta forma también lo plantea Robert Nozick.

El Estado como está configurado hoy día es un Estado que lleva una especie de inercia basada en la coacción. Lo que tenemos que pensar es en buscar modelos institucionales que constantemente aseguren al individuo, al ciudadano, a consentir la actividad estatal. Si bien la democracia tiene un poco de eso, porque cada vez que nosotros elegimos a los gobernantes estamos de cierta manera consintiendo su acción, la verdad es que hay elementos de la democracia que no tienen que ver con la libertad. Entonces también tenemos que pensar en modelos democráticos que vayan más allá de lo que hoy en día entendemos como sistema democrático, y nosotros los liberales deberíamos exhortar a la opinión pública a abrazar modelos distintos que conlleven más libertad, y con eso impliquen que los impuestos estén basados en el consentimiento y no en la coacción como ahora lo estamos observando. En ese sentido hay que destacar que el liberalismo cree profundamente en que la ciudadanía puede solucionar sus problemas por sí solos, porque la ciudadanía lo hace mejor, lo hace más barato, lo hace más eficiente y, por cierto, lo hace basado en la libre elección y no en la coacción.

Pero hay modelos alternativos. Entre los más cercanos está el de la Escuela de Chicago, la propuesta que Milton Friedman hizo pegó muy fuerte en Chile, que es el tema de los vouchers, según la cual el Estado entrega dinero para proveer servicios pero, al mismo tiempo les entrega a los ciudadanos la posibilidad de elegir libremente con quién consumir, con ese dinero, dichos bienes y servicios, que no necesariamente están ofrecidos sólo por el Estado sino que, en su mayoría, lo están por el sector privado. Otro es un modelo más bien cercano al anarcocapitalismo que implica que el Estado no debe proveer ningún tipo de servicios, sino que los privados observando que hay la posibilidad de explotar, económicamente, una necesidad que tienen los ciudadanos, van a erigir instituciones, en este caso empresas, que vengan a responder a la demanda que los ciudadanos hacen.

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A continuación, te invitamos a escuchar en su totalidad el cuarto episodio de nuestro podcast, “Impuestos y libertad”, con Jean Masoliver Aguirre:

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Datos como estos nos demuestran que todavía queda mucho por hacer

Datos como estos nos demuestran que todavía queda mucho por hacer

En Estudiantes por la Libertad celebramos la individualidad y el amor sin distinción de orientación sexual y reconocemos la valiosa y ardua lucha que el movimiento LGBT ha llevado a favor de la igualdad y la libertad. Por eso, nosotros también trabajamos por un mundo donde cada individuo sea #LibreParaAmar y #LibreParaSer.

A lo largo de estos días estaremos recordando las luchas más importantes del movimiento LGBT, conmemorando las victorias alcanzadas y exponiendo la situación de los derechos civiles a lo largo del mundo y especialmente en América Latina, entendiendo que todavía queda mucho por hacer en la que consideramos la problemática sobre derechos civiles más importante del Siglo XXI.

Estudiantes por la Libertad te invita al Sexto Congreso Internacional “La Escuela Austríaca de Economía en el Siglo XXI” que se estará llevando a cabo del 22 al 24 de agosto de 2016. Este magno evento está siendo organizado por la Fundación BASES, el CMTGROUP y la Facultad de Ciencias Económicas del Rosario (UCA), y cuenta con el auspicio de EsLibertad.

El Congreso se constituirá de una serie de conferencias, ponencias, workshops, presentaciones de libros, seminarios y más, lo que le hace ser “más que un Congreso”. Si estás interesado en proponer una ponencia aún estás a tiempo pues la fecha límite de recepción es el próximo viernes 1 de julio, y si tu ponencia es aceptada contarás además con la posibilidad de que sea elegida para publicarse en Libertas Segunda Época. La información sobre los requisitos que deben tener las ponencias la puedes encontrar en este enlace.

Entre los conferencistas confirmados se tienen a los siguientes:

  • María Blanco – Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es profesora en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad San Pablo­CEU y colabora en diversos programas de CMT- Swiss Management Center.
  • Nicolás Cachanosky – Licenciado en Economía por la Universidad Católica Argentina, Máster en Economía y Ciencias Políticas por ESEADE  y Doctor en Economía por Suffolk University, en Boston. Actualmente es Assistant Professor of Economics en la Metropolitan State University of Denver y co-editor del journal Libertas: Segunda Época.
  • Robert Murphy – Profesor e investigador del Free Market Institute de la Texas Tech University. Murphy posee una licenciatura en economía del Hillsdale College y un doctorado de la New York University. Es economista senior del Institute for Energy Research, investigador del Fraser Institute y del Independent Institute,  además es académico asociado del Ludwig von Mises Institute.
  • Fernando Nogales Lozano – Doctor en Sociología (Universidad Pontificia de Salamanca), Máster en Economía de la Escuela Austriaca (Universidad Rey Juan Carlos de Madrid), y asesor internacional de empresas familiares. Es también Coordinador de la Colección Empresas Familiares de Unión Editorial (España).
  • Mark A. Notturno –  Doctor en Filosofía (Columbia University), discípulo de Karl Popper, ex-Director del Popper Project (Fundaciones Soros y Ianus). Notturno es autor de On Popper, Science and the Open Society y Objectivity, Rationality and the Third Realm. En 2014 la prestigiosa editorial Routledge publicó su último libro: Hayek and Popper: On Rationality, Economism, and Democracy.
  • Gabriel Zanotti – Licenciado en Filosofía por la UNSTA y Doctor en Filosofía por la UCA, Director Académico del Instituto Acton, Profesor en la Universidad Austral, UCEMA, ESEADE y UNSTA.

Si te interesa saber más sobre el Congreso, puedes acceder a la página oficial del mismo en este enlace. Si quieres conocer el programa, al momento lo encuentras en este enlace.

El deseo de un aumento de la riqueza puede ser satisfecho a través del intercambio, que es el único método posible en una economía capitalista, o por la violencia y la petición como en una sociedad militarista.

L. von Mises

En Venezuela se han presentado reiteradamente y de forma creciente conatos de saqueo en establecimientos comerciales, no sólo de alimentos sino de otros rubros como textiles y electrodomésticos. El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social registra que desde el inicio del año 2015 hasta febrero del 2016 se han presentado 351 episodios de saqueos o intentos de saqueo[1] , los cuales han venido aumentando debido a la grave crisis económica, el desabastecimiento y la escasez. En el siguiente gráfico se puede observar este incremento:

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Fuente: Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.

La utilización de la violencia (a través de los saqueos) no es sino otra forma distorsionada a través de la cual los ciudadanos buscan satisfacer sus necesidades. Y es que el elemento dominante de todo problema económico reducido a su máxima expresión es la escasez de recursos frente a las ilimitadas necesidades que deben ser atendidas. El problema surge entonces de la interrelación entre lo que se requiere y lo que está disponible, cuestión que busca ser solucionada a través de los diferentes sistemas económicos de la forma más eficiente posible: todos queremos estar mejor, satisfacer nuestras necesidades, pero los medios utilizados para tal fin son escasos.

Una de las formas de solucionar el problema es a través de la economía de mercado, permitiendo que las personas oferten y demanden bienes y servicios, de tal forma que no existan trabas al comercio, al generarlas condiciones para la competencia, la innovación y el emprendimiento. El sistema de precios posibilita una transmisión de información necesaria para que exista un orden espontáneo, y con ello una distribución que permite la obtención de productos por parte de las personas que más los valoran. De acuerdo con esta visión, un producto adquirirá un precio mayor si su oferta es menor de la requerida por las personas. Solo quienes puedan obtendrán el producto y quienes los elaboran, a su vez, recibirán una señal que los incentivará a producirlo a futuro.

La segunda forma de solucionar el problema de la escasez es a través de lapoco eficiente distribución centralizada, que consiste en el manejo de la autoridad central sobre las condiciones de la distribución.De esta forma no se llevará el producto a quien pueda pagarlo o lo valoren más; dependerá de reglas que la autoridad central considere pertinentes. Este sistema genera incentivos negativos a la producción porque la arbitrariedad de una autoridad  niega la importancia de la libre empresa. De esta forma, los productos a distribuir cada vez serán menos, lo que genera escasez.

La tercera y última forma es la violencia, precisamente la que ha comenzado a practicarse en Venezuela. A través de la intervención de todo el sistema de producción y comercialización de productos, que viola la propiedad privada, y apoyados en la política de control de precio y cambio que lleva desde hace años, el gobierno ha fracasado en su intento de imponer una planificación centralizada, con las consecuencias expresadas arriba. Al no existir un sistema de precios, las personas se ven frustradas por no conseguir los productos y  apelan a la violencia como forma de adquirir los bienes de primera necesidad que no consiguen.

Estos hechos tienen una explicación: la destrucción del mercado y el fracaso del socialismo como sistema económico. Lo más preocupante es que el modelo intervencionista parece acentuarse pese a las terribles consecuencias que ha traído, lo que genera expectativas negativas  para el futuro cercano.


[1]  Conflictividad social en Venezuela en febrero de 2016, Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.

 

La inflación. Ese fenómeno tan cercano en la cotidianidad de la vida pero tan lejano en la comprensión de sus orígenes y sus implicaciones. Como en EsLibertad nos preocupamos por tratar de entender aquellas cosas que afectan a las personas, a los individuos, y sabemos que la inflación es uno de ellos, en el capítulo tercero de nuestro programa de radio Libertad Stereo invitamos a  Iván Cachanosky, quien es Doctor en Economía por la Universidad Católica de Argentina y actualmente se desempeña como analista económico de la Fundación Libertad y Progreso, para que nos explicara de qué va esto de la inflación. La que sigue es una selección de sus reflexiones al respecto. Si te interesan y quieres escuchar el programa completo, te invitamos a que lo hagas, podrás acceder acceder a él al final del post.

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La inflación tiene que ver con un fenómeno monetario, es decir, con la cantidad de dinero que hay en la economía: con la emisión. Para explicarlo en términos sencillos hay que ver su vinculación con la emisión, que tiene un contracara que es la demanda de dinero, pero lo que sucede cuando la emisión es muy violenta es que la oferta supera esta demanda y entonces esta diferencia se transforma o traduce en inflación.

Que haya inflación implica no sólo un aumento de precios sino una pérdida del poder adquisitivo de las personas, es decir que si hay inflación lo que estamos entendiendo es que nosotros vamos a poder comprar una menor cantidad de bienes. Si yo estaba comprando cien bienes al mes, con la inflación voy a comprar menos de cien: noventa, ochenta, depende de la magnitud de la inflación, pero perjudica al consumidor.

No obstante, si hay un incremento del nivel de producción, más dinero puede comprar más bienes. El problema aparece cuando el crecimiento de la economía es menor al de la emisión de dinero pues no podemos fabricar los bienes de la nada, y si tenemos más dinero y no hay una previa fabricación de bienes, eso se va a transformar en inflación. El problema con los gobiernos populistas es este, que se les va la mano con la emisión, entonces siempre superan al ritmo de la producción de bienes y por eso tienen inflación.

La principal razón de que los gobiernos quieran incrementar la emisión es que consciente o inconscientemente terminan gastando más de lo que su presupuesto les permite, entonces comienzan a tener un déficit (esto quiere decir que no pueden pagar sus cuentas) y recurren a la emisión para sanear sus cuentas. Pero esto es un costo que paga la sociedad, no es nada gratis. El gobierno debería de funcionar como cualquier familia que tiene ingresos y gastos, la única diferencia de una familia es que si gasta más de lo que ingresa imprime dinero para cubrir esos gastos, pero el costo va a la población.

Como la inflación es un fenómeno monetario depende del banco central, y lo ideal sería que el banco central fuera autárquico y que no tenga nada que ver con el gobierno. Lo que pasa es que esto no se cumple y nos lleva a preguntar esto de si hay o no un tamaño de Estado ideal. Pero tratando de dar una respuesta eficiente, el tamaño del Estado debería ser independiente de la inflación. El Estado debería financiarse con impuestos o métodos propios pero no con emisión monetaria, es decir, el banco central no tendría por qué darle dinero al gobierno -que hoy en día sucede pero no debería de ser así-.  Pero en teoría, el tamaño del Estado no debería tener influencia en la inflación, debería ser el banco central una unidad autárquica que en la práctica no se cumple.

En cuanto a los ciclos económicos, los van a haber siempre. El punto es que el Estado con sus intervenciones siempre los acentúa. Y ahí es donde creo que hay que reivindicar el rol que tiene el ahorro en la economía. El ahorro está tan mal visto, sobre todo por los keynesianos, que es casi un pecado mortal. Pero yo creo que el rol del ahorro es justamente hacer frente al ciclo económico a la baja, esto es, a la recesión. Es decir, ellos ven al ahorro o el atesoramiento como algo que está inmóvil y estéril, y de hecho por ahí está estéril, pero es como si habláramos de un camión de bomberos que no se usa hasta cuando viene un incendio. Bueno pues el ahorro es lo mismo, cuando viene la recesión va a ser algo muy útil. Y si, como creo, el gobierno no interviene, ya el ciclo de por sí va a ser menor, por lo que si encima damos la libertad de que la gente ahorre sin condenarla va a poder hacer frente a ese ciclo.

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A continuación, te invitamos a escuchar en su totalidad el tercer episodio de nuestro podcast, “Inflación y ciclos económicos”, con Iván Cachanosky:

 

El presente artículo fue escrito por Sandra Cárcamo, Coordinadora Local de Estudiantes por la Libertad El Salvador.

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Hace un par de semanas apareció en El Salvador una campaña de una marca de telefonía celular, la cual ha sido muy polémica. La campaña ha roto con todos los estándares de creatividad. “Ha pasado la línea”, dicen unos en peyorativo y otros con admiración.

Lo cierto es que bajo todas las perspectivas, la campaña ha sido un éxito. Porque las campañas publicitarias se crean con el objetivo de hacerse escuchar, de dar de qué hablar. Y eso se logra haciendo las cosas diferentes, innovando. Ha sido de las mejores campañas que ha habido en el país, un ejemplo a seguir. Pero no es por el éxito comunicacional por el que escribo esto. Va más allá, y está mucho más relacionado a la libertad de lo que parece.

Al ver la campaña quedé asombrada, pero jamás me imaginé lo que se vendría: un boicot a la campaña. Empezaron a pronunciarse instituciones por considerar una campaña ofensiva, inmoral, etc. Y los pronunciamientos no vinieron por el gobierno, sino por la sociedad. Sí, salieron muchos detractores afirmando que estaba en contra de los valores morales de la sociedad. Incluso, fui atacada por algunos. Alguien me dijo “eso no es libertad de expresión, es falta de respeto. La libertad no es eso”. Eso me dio qué pensar, me hizo detener un rato mis argumentos y reformularme la pregunta ¿Qué es libertad? ¿Cuáles son sus límites?

La libertad, positivamente, es que podamos alcanzar nuestros objetivos. Negativamente, no coacción. La campaña perseguía el objetivo de “dar de qué hablar”. Así de simple. No coaccionó a nadie, solo presentó los mensajes de forma cruda. Entonces, pensemos cuáles son los límites de la libertad. Esos límites son no dañar la vida, la libertad, ni la propiedad de otro. ¿Cómo lo hizo la campaña? No lo hizo, no pasó esa línea de límites. Pero sus detractores sí. La coartaron, mandaron a autoridades a censurarla, quitaron su libertad.

Lo cierto es que el problema no es más que el erróneo concepto de libertad. Muchos defensores de la libertad consideran que ésta es perfecta, que garantiza todo. Y no es así. La libertad permite que tengamos oportunidad de alcanzar nuestros objetivos, no garantiza que lo haremos. No garantiza que nos irá bien. No garantiza que en el mundo no habrá corruptos, que todos seremos buenos. ¡No! Así como no asegura moralidad. No deberíamos creer eso, porque es mal interpretarla. Lo real es que la defendemos porque es la única forma que nos permite a todos alcanzar nuestros propios objetivos, de mejorar con satisfacción personal.

Por esto, es que me preocupa que la libertad se malinterprete y pienso que es momento de que la libertad deje de ser vista como utópica. Si estamos enamorados de ella no es porque la vemos perfecta, es porque sabemos que con sus imperfecciones es ideal. Es a lo que dedicaría horas, escritos y mi vida entera. No por otros, sino por mí. Con el egoísmo que describe Ayn Rand.

La libertad implica responsabilidad. No tuviéramos que hacer esta distinción si la libertad fuese perfecta. Pero no lo es. Y los liberales debemos entenderlo, debemos defender algo que sí es viable y no utopías, para eso está el socialismo. La libertad necesita aliados, no detractores que pongan en tela de juicio si es correcta o no, cuándo sí y cuando no, porque esas distinciones un liberal las tiene claras: la libertad individual llega hasta donde yo no atente contra las libertades individuales de otros.

 

También te recomendamos leer:

El trabajo de Estudiantes por la Libertad toma fuerza cada año y este periodo no ha sido la excepción. El Reporte Anual de Students for Liberty 2015-2016 ha destacado las siguientes iniciativas de Estudiantes por la Libertad:

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Ya lo decía Frédéric Bastiat: “la solidaridad es voluntaria, decretarla es aniquilarla”. Este es el principio que el equipo de Estudiantes por la Libertad Ecuador puso en práctica luego del terremoto del 16 de abril que cobró la vida de más de 600 personas y devastó varias ciudades. Los miembros de EPL Ecuador recolectaron miles de botellas y se reunieron varias noches para llevar agua potable a las ciudades más afectadas, en donde los sistemas de electricidad y agua colapsaron totalmente. Esta iniciativa, #UnaBotellaPara, logró llevar cientos de litros de agua a quienes más lo necesitaban.


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Conferencias Regionales de Estudiantes por la Libertad toman Latinoamérica

Se hace un recuento de las Conferencias Regionales de Estudiantes por la Libertad hasta el mes de abril. México, Perú, Paraguay y Venezuela realizaron por primera vez sus Conferencias Regionales. Se destaca el trabajo de Venezuela, país cuyo entorno hostil a las ideas de la libertad había impedido realizar una conferencia como ésta hasta ahora. Ecuador y Bolivia realizaron sus segundas Conferencias Regionales, con 430 y 469 asistentes respectivamente. El equipo de Ecuador hizo que su conferencia en la Universidad San Francisco de Quito tomara un giro excepcional, organizándola como un Festival de Artes Liberales. La misma contó con la presencia de importantes voces disidentes.


¡La libertad empieza a promoverse en Haití!

Screen Shot 2016-06-19 at 10.23.34 AMAdemás, se destaca el trabajo de James Michel dentro del Charter Team Program, y sus obstáculos al promover las ideas de la libertad y conformar un grupo en su natal Haití. No sólo la tecnología no fue una aliada para James sino también las universidades le restringieron acceso para poder realizar las reuniones de SFL Haití. Sin embargo, esto no fue impedimento pues James encontró un restaurante que le permitió llevar sus reuniones –siempre que cada uno de los miembros consumiera algo. Así que durante cada reunión, James invitaba un jugo a los miembros que no podían pagar por su propia bebida. La dedicación y el trabajo de James por la libertad lo han hecho acreedor de un puesto en el Consejo Ejecutivo de EsLibertad 2016/2017.

 

Moral, competencia y capitalismo. Conceptos que en abstracto parecieran no tener nada que ver, pero que utilizados en conjunto adquieren una connotación poderosa. Para hablarnos un poco acerca de la relación que hay entre ellos, en Libertad Stereo nos acompaña en esta ocasión Walter Castro, Director Académico Escuela de Negocios en Fundación Libertad y catedrático de la Universidad Católica Argentina desde 1992, en la Facultad de Ciencias Económicas. Las siguientes son algunas de las reflexiones que el profesor Walter ha hecho dentro del contexto del tema “La moralidad del capitalismo”, el podcast completo lo podrás encontrar al final del post.

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La moralidad del capitalismo

Competencia significa también especialización. Es decir, yo me especializo, me entreno, para competir. En todos los órdenes, el deportivo, el profesional, etc. Lo hace un empresario con su consumidor y lo hace un trabajador con su empresa, todo el tiempo. Entonces se compite. Para ir a la selección del fútbol se compite, en la universidad se compite, para conseguir un trabajo se compite. Ahora, según dónde compitas y cómo compitas, va a ser distinto el resultado. Competir con fair play, con reglas del juego justas, es una cosa, pues obliga a todos a dar caballerosamente lo mejor de sí para tratar de sacar un mejor resultado, yo me entreno y compito para tratar de ganar.

Cuando hay intercambios en el mercado que son libres y voluntarios, es decir, que no hay ningún garrote de por medio y no hay ninguno que exprima al otro, lo que tú tienes es que la competencia de un empresario con otro beneficia al consumidor, la competencia de un empresario con otro beneficia al trabajador y, por qué no, la competencia de un trabajador con otro beneficia al empresario. Entonces, esa competencia armoniza un sistema y es muy interesante el punto, pero siempre dentro de reglas justas. Por eso es que la moral es anterior a la economía, en un escenario de reglas justas no hay nadie que se coma al más chico.

Luego, cuando hay intercambios libres y voluntarios y la gente se esmera compitiendo unos con otros para ofrecerse al mercado –que son nuestros congéneres– todos ganan, salvo que uno tenga la fuerza para hacer trampa, salvo que uno ejerza la violencia para conseguir las cosas a través de mecanismos injustos. El mercado es muy eficiente, pero debe funcionar dentro de un marco de reglas justas. Por eso la moral no puede independizarse de la economía, ni ésta de la moral. En “mercado libre” parece que libre es que cada cual hace lo que quiere, pero ese no es el concepto de libertad. La libertad es hacer lo que uno quiere dentro de reglas, de las reglas justas que nos meten a todos en una especie de corral, donde tú dentro de ese corral puedes hacer lo que quieras sin molestar al otro. Esa es libertad.

Si tú no quieres competir y quieres ser el único vendedor de un servicio, lo que estás pidiendo es que todos tus consumidores te compren a ti, ¿y qué vas a terminar haciendo? Vas a venderle pocos bienes, muy caros y de mala calidad. Ahora, si tú compitieras eso cae, entonces una regla de monopolio es inmoral. Pero no sólo el monopolista es malo, también lo es un sindicalista que consigue un salario muy alto para un sector de la economía, por ejemplo el de empleo público, con relación a todo el resto del mercado. Entonces, si tú tienes poca gente que gana mucho y que no se la puede remover de su trabajo por más incompetente que sea, eso es inmoral, es legal sí, pero es inmoral.

Entonces, para que entendamos qué es el concepto de competencia y el de libertad tenemos que entender que el marco de reglas ha de ser justo. Los políticos asumen legalmente y tienen un montón de privilegios legales, tienen un chófer, una dieta extraordinaria, un avión, etc. Entonces cuando alguien usa la ley para forzar a los demás y hacerles poner el dinero de sus impuestos para cosas que ellos voluntariamente no hubieran querido tener, y si luego a cambio de esto no se les devuelve nada, entonces el Estado se transforma en una gran inmoralidad. Por eso la prudencia del gobernante es esencial porque está manejando el dinero de la gente, y es inmoral manejar el dinero de la gente para cosas que no le sirvan a la gente.

La palabra “ley” tiene una carga positiva. Sin embargo, una ley de la física es una regularidad de comportamiento, yo agarro una manzana y la suelto diez veces aquí, y las diez veces se cae, ¿qué es eso? Una ley. Pero una ley de parlamento, que muchas veces es el capricho del gobernante, de un parlamentario o de un lobista. En vez de convencer al mercado de que él es mejor, y que se esfuerza y ha competido, y de que lo que él hace le sirve a alguien, mejor va y convence al legislador, que tiene el garrote para que todos le compren lo que él no puede vender. Entonces hay que distinguir qué leyes son justas y cuáles injustas. La receta para eso es que la ley debe ser general para todos, no puede haber leyes que instituyan privilegios. Si tú tienes, por ley, un beneficio que no tiene nadie más eso es inmoral. Luego, si uno presta atención a esto, y empezamos en la sociedad a distinguir eso nos pondremos muy enojados cuando se instalen los privilegios.

Ahora, por último y para terminar, todo el mundo tiende a quejarse del privilegio del otro. Pero, ser liberal, que significa respeto a esa ley y respeto a ese principio de justicia, significa renunciar al privilegio propio. Y no hay mucha gente que renuncie al privilegio propio. Entonces, si de suerte te ha tocado un privilegio actúa como corresponde, aunque la ley te lo otorgue, y di: esto no me corresponde.

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A continuación, te invitamos a escuchar en su totalidad el segundo episodio de nuestro podcast, “La moralidad del capitalismo”, con Walter Castro: