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El presente artículo fue escrito por Juan Serrano Silva, miembro del Equipo de Bloggers de Estudiantes por la Libertad.

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Se suele pensar que el bienestar de los individuos depende directa y poderosamente de los dirigentes electos para los puestos de gobierno. La discusión política, por tanto, siempre se centra en las caras y nombres del tarjetón de turno.

Basta ver la preocupación profunda de los estadounidenses por la decisión que tuvieron que tomar entre Trump y Clinton. Los unos miraban al magnate al borde del pánico imaginándolo en la oficina oval, los otros se aterraban con la llegada de la candidata “demócrata” al poder.

Y no les falta razón, ni a unos ni a otros; el puesto de presidente de los Estados Unidos de América se ha ido convirtiendo en un cargo de vital importancia y una elección, u otra, podría cambiar el destino inmediato de los ciudadanos de aquella nación que alguna vez fue acertado llamar “la tierra de la libertad”.

Pero aún con el poder que ha ido adquiriendo el presidente en las tierras estadounidenses, todavía falta mucho terreno para que se acerque al inmenso poder que tienen las sillas presidenciales en Latinoamérica; es tanto el poder que estas tienen que no suena a metáfora cuando en los medios se habla de “trono” al referirse al asiento presidencial.

Prueba de esta figura exageradamente poderosa es el análisis de los medios; al querer descifrar la inclinación política del continente utilizan a los actuales presidentes de cada nación. La misma estrategia en otras latitudes daría probablemente con una conclusión equivocada, pero en nuestras naciones latinoamericanas resulta dar un croquis acertado de nuestra posición política conjunta.

Así como ocurre hoy en las elecciones de Estados Unidos, la vitalidad, la pasión y el terror absoluto frente a un proceso electoral ha estado presente en nuestras elecciones presidenciales.

La “batalla” electoral de Macri y Scioli, junto con las elecciones anteriores que resultaron en victorias kirchneristas despertaron el temor absoluto en los ciudadanos, hasta el punto en que no fueron pocos los que se entregaron al llanto en actitudes que parecerían la frontera del ataque de pánico.

Lo mismo ocurrió en Colombia en las dos victorias de Juan Manuel Santos, con la particularidad de que fue el lado político opuesto el que vio con terror el resultado final; en su primera victoria “la izquierda” y los sectores críticos del uribismo fueron presas de una reacción adversa a los resultados, llenos de miedo y rabia frente a los resultados finales; en la siguiente victoria santista fueron el uribismo, y la “derecha” los que tuvieron casi la misma reacción.

En Venezuela ha sido claro el miedo y nerviosismo que se presenta en cada uno de los procesos electorales del país sudamericano.

Y así podrían relatarse ejemplos en todas nuestras naciones; en mayor o menor medida, cada proceso electoral latinoamericano viene incluido con dosis de emociones fuertes frente a los posibles resultados, y de euforia o terror frente a estos.

Que no se equivoque una conclusión prematura en este punto; no es el objetivo de este texto argumentar que estos sentimientos y el nerviosismo y miedo a un resultado electoral son injustificados, como tampoco lo son la esperanza y la euforia que ha producido la aparición de lo que parece ser un candidato salvador o la aparente personificación del mito del “buen gobernante”.

Realmente la mayoría de los ciudadanos latinoamericanos hemos en algún momento soñado con ese gobernante salvador que a través de un proceso electoral llegará al poder para cambiar todo lo que está mal en nuestros países.

Una gran porción de latinoamericanos, en consecuencia, describirían el mejor Estado imaginable como aquel en el que los puestos de poder son llenados por honrados y brillantes dirigentes. Al igual, pensar en una sociedad avanzada políticamente llevaría a muchos a pensar en un grupo más bien homogéneo de ciudadanos profundamente informados y activos políticamente, que pueden recitar con toda confianza los nombres de cada congresista.

Y claro que en nuestras republicas variadas ese escenario, aparentemente utópico, supondría una mejora a la situación actual de la política, la democracia y la sociedad latinoamericana. Pero el problema es que esa situación, no solo es imposible de presentarse, sería imposible de mantener.

Un buen gobernante puede hacer mucho bien, desde cualquier perspectiva que se juzgue a este hipotético dirigente. Cada postura política podría imaginar un líder al que se le dota de poder absoluto y que aplicaría desde ese poder sin límite todas las políticas que se creen adecuadas para mejorar la economía y la sociedad de un país, pero en este aparentemente benévolo escenario, no queda nada para proteger a los individuos de esta nación imaginaria a que este mismo líder, o alguno de sus sucesores, haga todo el daño que se puede hacer desde el trono del poder absoluto.

La revolución del individuo se basa en la idea de que los individuos puedan reírse de sus gobernantes, y no al contrario; en el llamado “siglo de las luces” la idea que revolucionó al mundo fue esa, era más importante cada uno de los individuos, que los gobernantes que los regían; los de Boston saquearon el té real, en Colombia Manuela Beltrán rompió en pedazos el acta real, y finalmente, ciudadanos de todas las naciones rompieron cadenas con las monarquías europeas.

Los ciudadanos se rieron en la cara del poder que tendía al absoluto, y los gobernantes que se creían poderosos no pudieron siquiera dibujar una sonrisa. A la serie de revoluciones que independizaron nuestras naciones se les suele llamar “las independencias de las naciones americanas”, pero estas y las revoluciones que sacudieron el mundo fueron la consecuencia lógica de otra independencia que se gestaba en el pensamiento, la independencia del individuo.

En este marco, los fundadores estadounidenses imaginaron una nación que no se regía por gobernantes, sino por una inquebrantable constitución que dotaba de poder a cada uno de los individuos, con el único límite del siguiente individuo, y para mayor protección hacia los ineludibles impulsos tiránicos de aquellos con sed de poder estatal, se aseguraron de permitir que los ciudadanos se armaran y tuvieran la posibilidad de derrocar, de nuevo, a la tiranía.

Si bien estos fundadores no aplicaban esta idea a un sistema ideológico determinado, entendido este como una serie de decisiones posibles de un gobernante que responden a un sistema político-social definido, si entendían que el requisito de un gobierno para no ser tiránico es no ser más grande que el individuo. 

Pero algunos sistemas políticos necesitan de la tiranía para existir y subsistir; es el caso, por ejemplo, del socialismo; no hay forma de aplicarlo sin aplacar el ansia individual, sin eliminar libertades individuales de unos, por el supuesto bienestar de otros; la historia ha demostrado que al final la búsqueda de la igualdad se cumple en la total ausencia de la individualidad, o de poder individual que tiene cada uno de los ciudadanos.

Aun así, no han pensado los socialistas actuales que si sus delirios de persecución fueran ciertos, y enemigos ultra-derechistas acecharan en la esquina, estos podrían usar bastante bien el Estado gigante que dejaron armado para ellos, y aplicarían desde esa herramienta de poder incalculable todos los males que ellos dicen no cometer.

Sería preferible para los socialistas que siguen obviando a la historia, la lógica y al uso de razón, un Estado pequeño, incapaz de impedir la existencia de comunidades que en sus adentros tengan cualquier tipo de organización económica y social voluntaria; que un Estado tiránico, con el poder de impedir las asociaciones de individuos que deciden cooperar voluntariamente. En otras palabras, un puesto que permita hacer un bien inmenso a los individuos de una nacionalidad determinada, tiene también la potencialidad de hacer un daño de las mismas proporciones.

Los libertarios, liberales e individualistas, no debemos entonces basar nuestra postura política en la búsqueda de líderes adecuados para llevar nuestros países al bienestar económico y a la libertad, únicamente; mucho menos iniciar una búsqueda de un líder supremo libertario que dirija el proceso en pro de la libertad.

Debemos, en cambio, luchar por instaurar elementos que eliminen la posibilidad del surgimiento de líderes tiránicos. Debemos buscar elementos que sometan al Estado y le pongan límites inquebrantables; debemos buscar un régimen constitucional definido en el cual los individuos de una nación no se vean demasiado afectados por los dirigentes estatales hasta llegar a un punto en el que la relación con estos gobernantes roce la indiferencia; que por más malo que sea el gobernante de turno, o incluso el legislador, tenga muy poco poder para afectar de gran manera la vida de los ciudadanos de la nación para la que trabaja.

Nuestras naciones no necesitan buenos gobernantes, necesitan que estos no tengan más el poder de incidir tan brutalmente en las vidas de nosotros, los individuos que componemos a las sociedades.

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Humberto Martínez es miembro del Consejo Ejecutivo de Estudiantes por la Libertad.

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Mientras estas líneas son escritas transcurre la coronación de Trump: él será a partir de hoy, y durante los siguientes cuatro años al menos, el cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos de América. Y aunque no posará una corona física sobre su cabeza, eso no le impedirá sentirse como Rey y tratar a los que le rodean como sus súbditos. Eso es totalmente entendible, y en nada se diferencia en ese aspecto de los 44 individuos que antes que él detentaron ese puesto. Puesto de alto mando, de impresionante poder y de amplísimo control. Lo que sí le hace ligeramente diferente de varios de los antiguos presidentes de esa nación es su particular manera de ser público: notablemente irrespetuoso, claramente xenófobo, repetidamente misógino, abiertamente deshonesto y con algunas otras aptitudes de semejante índole que le hubieran costado la presidencia a muchos candidatos en el pasado.

Se suele decir que los así llamados “Padres Fundadores” de Estados Unidos habían formulado el sistema electoral de ese país de modo tal que se pudiese evitar la llegada de candidatos “no calificados” a la silla presidencial. Existe la posibilidad de que Donald J. Trump podría haber sido eso que ellos entendían como candidato no calificado. Ante esta situación he escuchado a muchas personas, incluidos amigos cercanos, estudiantes, padres y madres de familia, conductores de Taxi y UBER, y también académicos, preguntarse “¿cómo es que llegamos hasta aquí?”. Su pregunta resultaría sorprendente si se considerase el hecho de que radico en México y que la mayoría de las personas de las que hablo no eran estadounidenses, sino personas que viven fuera de las fronteras de ese país y que, en muchos casos, ni siquiera han puesto pie nunca dentro de ese territorio. Y dije “resultaría sorprendente” puesto que en realidad no sorprende. ¿Por qué?

No sorprende porque los individuos, independientemente de su lugar de origen, comprenden, al menos de manera práctica, el poder que es capaz de ejercer Estados Unidos como país, y el que puede ejercer su presidente como individuo. Digo de manera práctica porque relativamente pocos se darían a la tarea de investigar, por diversos motivos, las capacidades efectivas que tienen los presidentes estadounidenses de manera unilateral, es decir, por sí solos, sin que tengan que contar con la aprobación del Congreso ni con la de nada ni nadie más. Es decir, esa pregunta no sorprende porque la situación verdaderamente les preocupa. Detrás de su “¿cómo es que llegamos hasta aquí?” se esconde una preocupación sincera: se esconde un sincero temor. Temen.

Temen. Le temen. Pero no le temen a Trump. Ellos sienten que le temen a Trump, pero eso no es cierto: le temen a Estados Unidos y a su presidente. Le temen al poder que es capaz de ejercer una nación y a su líder. Trump es tan sólo un líder más de esa nación. Trump es tan sólo un Jefe de Estado más. O, como se dice en inglés: head of State. Es decir “cabeza de Estado”. Le temen al poder que el “cabeza” de Estado puede ejercer. Le temen a la cabeza del Estado. Y le temen también a todo su cuerpo. Le temen al Estado. Le temen al Estado y al poder que puede ejercer contra ellos. Le temen al Estado y al monstruo que representa. Le temen al “monstruo más frío de todos los monstruos fríos” como le llamara Nietzsche, en voz de Zaratustra.

Estado se llama el más frío de todos los monstruos fríos.
-Nietzsche, Así habló Zaratustra

Así pues. El temor que tantas personas sienten. Personas de tan distintos lugares, de tan diferentes razas, de las más variadas creencias, con las más dispares pasiones. No es temor a Trump. Es temor a lo que alguien en ese puesto, con todas esas posibilidades a su alcance, con ese poder, sería capaz de hacerles a ellos como individuos. Que se percaten de su temor sólo ante el tipo de personas al que los Padres Fundadores se referían como “no calificado” no modifica para nada el hecho: el individuo teme al Estado. Y con justa razón.


Las opiniones vertidas en este artículo son exclusivamente del autor y no necesariamente refleja la opinión de Estudiantes por la Libertad.

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El presente artículo fue escrito por Roberto Sánchez, quien es Coordinador Local de Estudiantes por la Libertad Chile .

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fidel-1882202_640Ha muerto Fidel Castro. Esto ya es noticia para el mundo. Los diferentes medios y las redes sociales se han saturado con variados contenidos relacionados a este relevante personaje de la historia reciente. Los análisis a favor y en contra se han hecho abundante marcando tanto de posturas condescendientes con su régimen como de posturas férreamente críticas de su legado negativo hacia la Libertad y los Derechos humanos.

Añadiéndome a la discusión quiero ofrecer una reflexión entorno a un tópico que me ha parecido muy relevante, y que no se puede dejar pasar sin hacerle una observación crítica.

Normalmente se asume a Cuba como país modelo en cuanto a garantizador de la salud y la educación a sus ciudadanos. Se afirma que en Cuba, a pesar de todos sus problemas internos y externos, nadie queda excluido de la educación y, lo que es mejor aún, nadie está endeudado por acceder a esta. Además, se destaca de gran manera el sistema de salud público cubano, accesible a todos, sin que la calidad de la atención esté determinada por el factor socioeconómico del solicitante. Esto hace que, desde algunos sectores, se exponga a Cuba como ejemplo en desarrollo humano y preocupación por sus ciudadanos. Esto se respalda con diferentes índices favorables como el de la mortalidad infantil, esperanza de vida, educación universitaria, tasa de desempleo, analfabetismo, explotación infantil, entre otros. Lo que no deja duda sobre lo ejemplar que es en cuánto a estas materias.

Sin embargo, lo mencionado puede ser puesto fuertemente en cuestionamiento en cuanto a su veracidad. La razón es simple: si se considera las características del régimen cubano como totalitarias, no democráticas y de sociedad cerrada, se debe desconfiar de la información que emita este país. Todo podría ser falso, acomodaticio, e incluso un montaje para el mundo.  De donde podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿por qué un cubano arriesgaría su vida para huir en balsa hacía un país que no le garantizará todo lo que tiene en Cuba? ¿Por qué? Cada uno debe reflexionar sobre una posible respuesta.

No obstante, en estos breves párrafos quiero plantear una idea asumiendo como cierta y totalmente veraz la información que se da con respecto a Cuba. Efectivamente Cuba garantiza a sus habitantes todo lo que como ser humano más necesitamos: alimento, salud, trabajo y educación. Pero ¿a costa de qué? La respuesta es simple: a costa de la Libertad.

Es sorprendente, de hecho he quedado totalmente anonadado, porque pareciera que en la sociedad contemporánea la Libertad no fuera importante. Peor aún, he leído a personas que llegan a afirmar que están dispuestas a vivir en un régimen como el cubano mientras le garanticen alimento, salud, trabajo y educación.

Ésta situación ¿en qué se diferenciaría con una persona que vivía en esclavitud en el siglo XVIII y que tenía todo lo necesario garantizado para su supervivencia? En documentos y libros que tratan la esclavitud se menciona que había amos que eran benevolentes con sus siervos, no los maltrataban, los alimentaban bien, les permitían educarse, casarse e incluso desarrollarse en artes musicales, pero no eran libres. Seguían siendo esclavos, subyugados a la voluntad de su amo, totalmente restringido de la libertad, derecho fundamental e irrenunciable de cualquier ser humano. Principio fundamental para la causa abolicionista.

Para los abolicionistas poco importaba si el señor esclavista era bueno o malo con sus esclavos. La cuestión era simple. La esclavitud es inmoral y atenta contra principios éticos porque “todos los hombres nacen iguales y dotados del derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad”.

Esto puede parecer una comparación exagerada. Algunos dirán que la esclavitud nada tiene que ver con Cuba. Sin embargo, no es una exageración y sí tiene que ver con la esclavitud, ya que se asume una postura que se fundamenta en principios relacionados al esclavismo y la perdida de la libertad: el punto que sostienen es que mientras el “amo” sea bueno, entonces todo “da lo mismo” y no es tan importante la Libertad. Esa consideración es inmoral y rompe fuertemente el significado originario de ser libre, ser independiente, lo opuesto a la completa subyugación del esclavo. El hombre, al menos en Occidente, entró en la historia siendo o esclavo o libre. Y a partir del siglo XVIII todas las ideas emancipadoras se hicieron manifiestas a través de luchas para la obtención del hombre libre. Ser libre significó en todo momento la opción de que una persona actuase según sus propias decisiones, aspiraciones y planes, a diferencia con la posición de eslavo, que se hallaba irremediablemente sujeto a la voluntad de otro.

Finalmente, algunos preferirán que se les garantice servicios “gratuitos” a cambio de su Libertad. Así como un pájaro que vive el mundo a través de una jaula, todo estará bien mientras le traigan agua y alpiste. Situación triste y lamentable. Pero que no se diga que esto es gratis porque no lo es. Cuesta, y se paga el precio de la libertad y todo de lo que de esta emana como la libertad de conciencia, la libertad de desplazamiento, la libertad religiosa, la libertad de asamblea y asociación, la libertad de expresión, la libertad de emprender, entre otras.  Por eso, quienes defendemos la libertad, no debemos por ningún motivo bajar los brazos, tenemos un gran legado en la historia de la libertad que muestra que el respeto a la libertad personal es la única manera de preservar la dignidad del ser humano, y también la más eficaz para construir una sociedad más justa y próspera. Por lo tanto, aventuremos la vida -como lo expresó Cervantes en el Quijote- por la Libertad, uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Y luchemos contra el cautiverio, el mayor mal que puede venir a los hombres.

 

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El presente artículo fue esrito por Anderson Riverol, quien es miembro del Comité Académico del CEDICE y Coordinador Local de Estudiantes por la Libertad Venezuela.

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25962221506_cca173b1c2Últimamente en los espacios de debate sobre las drogas, algunos que podríamos denominar con mucho respeto como “inconformes consigo mismos”, han expresado con mucha comodidad y utilizando la falacia del petitio principii argumentos como:

“Yo soy libre de usar drogas – El Estado regula el uso de las drogas o lo prohíbe – Por eso el culpable que use drogas es el Estado – Aunque yo soy libre de usar drogas y por eso las uso”. Lo que refleja poca claridad en las ideas, puesto que este tipo de argumento solo es un conjunto de afirmaciones sin sentido aparente.

De esa forma, y casi que copiada literalmente, la falacia es repetida hasta el cansancio por aquellos que usan drogas o son aspirantes a usarlas, a menos que en un rápido recurso de escape la falacia se transforme en una de tipo ad hominem y argumenten:

“Tú bebes licor o fumas – eso es un tipo de droga – entonces también eres un drogadicto y ese comportamiento te vuelve un hipócrita”.

Estas falacias nacen, quizás, por una vergüenza interior, un odio profundo a sí mismos o cualquier otro motivo que les hace consumir algo que tarde o temprano les hará daño, con el fin de escapar de la realidad de su vida o de alguna forma estar en una realidad virtual.

Retomando lo que uno podría resumir como los los tres pilares del liberalismo:

  • La libertad: cuando se les permite al individuo perseguir sus propios fines, o bien, la ausencia de obstáculos para la realización de sus deseos.
  • La propiedad: que comienza con la propiedad sobre nuestro propio ser y se extiende a la riqueza que con nuestro trabajo físico o capacidad intelectual creamos.
  • La responsabilidadQue son los actos que como individuos llevamos a cabo y de los cuales asumimos sus consecuencias.

Parece que en algunas ocasiones, dentro del debate sobre el uso de las drogas, quienes defienden su consumo se olvidan del tercer pilar, esto es, de “la responsabilidad”. Si bien la decisión de usar drogas es propia, por lo que el argumento científicamente probado de que las drogas si afectan la salud de quienes las consumen seria poco útil en este artículo, no es menos cierto que muchos crímenes o descuidos que personas bajo efectos de las drogas han cometido han afectado gravemente a familias e individuos que no tienen la culpa de los vicios que individualmente otro ser humano tiene.

Así pues, la guerra contra las drogas no ha funcionado. La prohibición en lugar de reducir el consumo de drogas ha generado mafias y ganancias multimillonarias a narcotraficantes sin escrúpulos que ven la actividad de destruir familias y seres humanos como algo completamente normal. El Estado en este caso se ha convertido en un problema pues, queriendo ser una solución a punta de estatuto y regulaciones, ha hecho fuertes a las mafias organizadas.

Más que una lucha debe haber una concientización. Si consumes drogas te estas dañando a ti mismo, y dependiendo que drogas uses y con la frecuencia que lo hagas no sólo te destruirás tú sino, potencialmente, también a tu familia y a tu entorno. Usar drogas es un abandono lamentable del uso de la razón que entorpecerá tu capacidad de crear riqueza y provocará que te sea más fácil violar la libertad individual de otros.

Por eso, usar drogas no es un acto liberal, sino algo que te destruye. Y la libertad no puede ser tomada como una excusa para afectar a los demás y, de paso,  afectarse uno mismo.

“Cuando los hombres abandonan la razón descubren no sólo que sus emociones no pueden guiarlos, sino que les resulta imposible experimentar otra emoción que el terror. La magnitud a la adicción a las drogas forma parte a las modas intelectuales actuales, lo cual demuestra el insoportable estado interior de los hombres que están privados de sus medios de cognición y que buscan escapar de la realidad, del terror que les produce su impotencia para ocuparse de su existencia”

Ayn Rand, Filosofía ¿quién la necesita?

 

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El presente artículo fue escrito por Francisco Finol Balzán quien es Licenciado en Ciencia Política  de la Universidad del Zulia.

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El Songbun, es entre tantos, uno de los más grandes inventos del iluminado régimen de Corea del Norte. Dicha palabra, “Songbun” traduce en español “origen” y es el sistema de castas o estratificación social que creó y aplicó en Corea del Norte desde 1957,  su líder fundador y patriarca Kim Il Sung, quien por otra parte debería ser considerado un genio por semejante aporte a la humanidad.

Este sistema Songbun, tiene varias peculiaridades, una de ellas es el hecho de que clasifica a las personas según lo “fieles” que pueden ser al régimen norcoreano. Pero lo más espeluznante no es eso, sino que es hereditario, o sea, si tú no has cometido algún acto que le parezca sospechoso al régimen norcoreano (lo cual puede ser ensuciar la imagen en el periódico de alguno de los líderes),  igual puedes estar sujeto al castigo que significa estar clasificado en alguna de las castas no favorecidas, y tus hijos, que no hayan nacido, también estarán sujetos a dicha clasificación.

Según lo expuesto en el libro “Marked for life” de Robert Collins, 2012, haré una breve explicación de quiénes integran dichas castas, y sus implicaciones.

¿Quiénes integran las castas?

  • Leales: son aquellas personas que el régimen considera de fidelidad indiscutible, e inofensivas para sus intereses. Son descendientes de veteranos de la guerra contra Japón (1910-1940) y con Corea del Sur (1950-1953), campesinos, artistas, e intelectuales adeptos al régimen. Representa el 28% de la población.
  • Vacilantes: son los familiares de artesanos, pequeños comerciantes, repatriados desde China, e intelectuales formados durante el dominio japonés. No son considerados peligrosos, pero tampoco leales ya que sus antepasados no colaboraron directamente con la causa revolucionaria. Representa el 45% de la población.
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    Niño de una Songbun baja

    Hostiles: es la casta más baja, incluyen a los descendientes y familiares de los colaboracionistas con Japón y de los opositores al fundador del régimen, Kim Il Sung. También figuran como “hostiles” los familiares de personas huidas a Corea del Sur, de empresarios, de personalidades religiosas y de otrora aristócratas. Representa el 27% de la población.

El Songbun, al cual sería un eufemismo llamar inhumano, les es explicado a los niños de la siguiente manera:”Tomates, los cuales son rojos hasta la pulpa, son considerados “Leales”, comunistas; las manzanas, las cuales solo tienen roja la piel, son “Vacilantes”, y necesitan una mejora ideológica; y las uvas, “Hostiles”, están completamente perdidas”.

¿Qué implica pertenecer a cada una de las castas?

Exilio interno: el gulag norcoreano. Por años, el régimen ha exiliado sistemáticamente a millones de personas, a zonas montañosas aisladas en el noreste del país. Aquí se han visto obligados a trabajos forzados, sujetos a controles más estrictos, excluidos de los centros de población, y eliminados como una potencial amenaza política. El régimen no solo ha aislado a su población del mundo, convirtiendo al país en el “reino ermitaño”, sino que en sí misma dentro de su territorio ha marginado de Pyonyang a todas las castas de mal Songbun.

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Empleo: en el reino ermitaño, no eliges tu trabajo. El régimen lo hace por ti, y está predispuesto por tu Songbun. Si perteneces a los “hostiles”, tendrás el trabajo manual agotador, mientras que si perteneces a los “Leales”,  podrías esperar una posición relativamente cómoda en  cuadros del partido, o en su hipertrófica burocracia. No hay ningún elemento de meritocracia aquí y la habilidad importa mucho menos.

Alimento: Corea del Norte, el reino ermitaño, al ser un país aislado, tiene una economía autárquica muy precaria. Los problemas que presenta en con la producción de alimento son enormes. El alimento que se genera en las provincias es enviado a la capital para luego ser repartido, y como has de sospechar el Songbun tiene mucho que ver, ya que se le da mayor cantidad y calidad a los “leales” y a las otras castas quienes normalmente producen, se les da lo que sobra, cuando sobra. En la década de los 90 hubo una crisis alimentaria en el país que terminó generando una hambruna en las provincias del noreste, hay cifras que aseguran que hasta el 30% de la población de dichas provincias murió.

Educación: no es meritocrática, para qué si alguien más apto que tú lo puede decidir. Si tus padres son “Leales”, entonces se te permite progresar. De lo contrario no importa cuánto estudies, no vas a avanzar.  El sistema también se asegura que “las élites” estén juntas. Los “leales”, irán a las mismas escuelas y universidades que sus pares. A las personas con bajo Songbun, les son denegadas estas oportunidades.

Atención médica: el sistema de salud pública del reino ermitaño, en la actualidad es solo para los habitantes élite de Pyongyang, el resto de la población debe acudir a remedios, o al mercado negro para conseguir algún tipo de medicamentos.

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Shin Dong-Hyuk, tránsfuga norcoreano de Songbun “hostil”, muestra sus cicatrices

Familia: en el reino ermitaño, todos los miembros de la familia deben estar bajo la sombra del partido, sin que ninguno de sus miembros se atreva a generar una mancha en su expediente, porque le costaría el estatus a toda la familia. Evidentemente, el Songbun es importante a la hora de conseguir pareja, ya que es como una escalera al infierno, sólo se puede descender, es por ello que nadie en su sano juicio se mezclaría con una casta inferior. Es normal en otras culturas que la gente se case entre su misma condición socio-económica, religiosa, e incluso étnica, pero en este caso la particularidad es que aquí es un esquema artificial, impuesto por el régimen.

En resumen, el Songbun institucionaliza la dominación de la élite gobernante y sus descendientes sobre todos los otros grupos de la sociedad, y como este sistema se ha implementado durante varias décadas, los privilegios de la clase principal han crecido, mientras que los otros han disminuido. Es un razonamiento natural pensar que, el hecho de que tu familia pague por lo que tú haces es un ataque directo, por una parte, a alguien temerario que no le importe poner en riesgo su propia vida, y por otra, a aquellos que ven en huir una solución, como es el caso de Shin Dong-Hyuk, quien está siendo chantajeado con videos de su padre pidiéndole que regrese. Nos lleva al intento de total aniquilación del individuo y sus derechos como tal.

Resulta muy atemorizante cómo un régimen puede, más que intervenir, dirigir la vida de su población de una manera tan férrea, casi total. La información proporcionada en éste artículo parece sacada de la obra “1984” de George Orwell, donde la organización social es la siguiente; el partido interior, el partido exterior y los proletarios y cuya mecánica social y económica (privilegios, educación, trabajo, alimento, etc) es tan similar que realmente asusta. También llama poderosamente la atención que los regímenes comunistas, sobre todo este norcoreano, quienes son los fundamentalistas del comunismo, dicen propugnar la “igualdad” y vemos los resultados de la imposición por la fuerza de la igualdad: que unos parecen ser más iguales que otros, como señalan los cerdos en “Rebelion en la Granja” de Orwell.

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 mejor2016

Durante el 2016, miembros de nuestro liderazgo así como autores invitados, nutrieron nuestra ventana digital con sus ideas y posturas a favor de una sociedad libre.

Desde desmitificar creencias hasta relatar las consecuencias del socialismo en Venezuela, el blog de EsLibertad contiene artículos que exploran la importancia de disminuir la intervención estatal en áreas que van desde la económico hasta lo social e intelectual.

A continuación, mostraremos cuáles fueron las opiniones más leídas mediante este #Top10EsLibertad de artículos escritos por nuestro liderazgo y el #Top5EsLibertad de artículos escritos por autores invitados.

#Top10EsLibertad: artículos escritos por miembros de Estudiantes por la Libertad.

  1. El mito de la sobrepoblación, por Oscar Rosales Krumdieck: “Deaton nos recuerda que la fuente de la prosperidad no es la tierra o los recursos naturales, sino algo mucho más importante: las personas. Un ser humano más en el mundo no es una carga más, no es un nuevo gasto, sino una persona que tiene la capacidad de crear riqueza”.              
  2. Sobre el tiempo y el dinero: Breve crítica a Pepe Mujica, por Oscar Torrealba: “El 99,99% de las cosas que consumimos actualmente son elaboradas por otras personas y nosotros desconocemos cada uno de los procesos. Sin el mercado, tendríamos que destinar gran parte del tiempo en la elaboración de productos sobre los cuales no poseemos la pericia y el conocimiento necesario para su producción”.
  3. Hambre en Venezuela: las secuelas del socialismo, por Vanessa Novoa: “Aún no ha salido el sol cuando ya cientos de personas forman una larga cola a pocas cuadras del supermercado de la comunidad, que abrirá sus puertas a las 8:00 am, custodiado por militares que desfilan sus armas largas alrededor del establecimiento para prevenir los saqueos, tan comunes ahora en la cotidianidad venezolana”.
  4. Socialismo: el peor enemigo del medio ambiente, por Oscar Rosales Krumdieck: “Shleifer analizó cómo se desenvolvieron 11 países post comunistas y mostró que la apertura de la economía había sido mejor para el medio ambiente que el estatismo soviético. En promedio, estos 11 países han reducido en un 50% sus emisiones de óxido de nitrógeno y monóxido de carbono desde 1990”.
  5. La educación del oprimido, por Alexander Oubiña: “Algo que me han enseñado las ideas de libertad, es que para ser libres, hay que ser responsables. Y para esto hay que enseñarles a los niños a tomar decisiones propias”.
  6. Matrimonio igualitario en México: una cuestión de libertad, por Jorge Guadarrama: “El derecho a decidir sobre nuestras propias vidas es inalienable. Ninguna persona ni institución puede impedirnos actuar de la forma que prefiramos, siempre y cuando no dañemos físicamente a terceros y su patrimonio”.
  7. ¿Son justos los mercados?, por Jorge Chuya: “La libertad económica es esencial para el correcto funcionamiento de los mercados y su consecuente generación de riqueza para todos. No es coincidencia que los países más libres del mundo según el reporte anual de Libertad Económica en el Mundo elaborado por el Instituto Fraser, sean los países más prósperos”.
  8. Controlar la educación, el sueño de la tiranía, por Hanns Soledispa: “En la Atenas clásica, la instrucción obligatoria era tarea propia de los esclavos, mientras que la libre experimentación, la reflexión y el estudio de la filosofía eran vividos en las primeras academias de Platón”.
  9. El futuro político de América Latina, por Andrés Lozano: “Este clima de inestabilidad política que vive América Latina parece augurar un cambio en el nombre de los jefes de estado, sin embargo esto no necesariamente significa un giro ideológico completo, ya que el debate en la región se ha centrado mayoritariamente en los errores de los gobernantes, mas no en poner tela de juicio el peligro que representa tener modelos basados en la intervención y el alto gasto público”.
  10. Venezuela: entre un modelo socialista totalitario y la conquista de la libertad, por Anderson Riverol: “La sociedad venezolana, esa con la inflación más alta del mundo, donde aproximadamente el 75% de las personas viven en la pobreza (y aumentando), con más de 2000 empresas expropiadas, más de 100 presos políticos, miles de arrestos por protestar pacíficamente, y un promedio de 76 muertes violentas por día, está clamando por más libertad y la posibilidad de su libre desarrollo”.

 #Top5EsLibertad: artículos escritos por autores invitados.

  1. 10 películas que todo libertario debería ver, por Joselo Andrade: “La película que todos vimos en 1977 La Guerra de las Galaxias, la que ahora llamamos Episodio 4 no es más que: La rebelión de los planetas que no aceptan un alza de impuestos por parte del imperio intergaláctico. Pilas libertarios que todos nosotros tenemos algo de jedis de la libertad”.
  2. 10 vídeos básicos que no deberías de perderte para entender las ideas libertarias, por Joselo Andrade: “Quisiera recomendar a todos ustedes, 10 vídeos básicos que pueden servir para obtener una panorámica general de ¿en qué nos hallamos, qué defendemos y por qué es tan importante para nosotros los libertarios defender las ideas de libertad?”
  3. Individualismo psicológico: muy difamado, pero poco entendido, por Sharon Presley “El individualismo que está en la raíz del libertarismo y del feminismo libertario no es, como sostienen los críticos, una lacra malsana y destructiva, sino una cualidad sana y socialmente benéfica”
  4. La situación de la propiedad privada en Venezuela, por Andrea Rondón García: “Los regímenes totalitarios tienen como objetivo acabar con la propiedad privada para que prime la propiedad estatal porque ella: 1. Está vinculada ineludiblemente con la libertad; 2. Es el sustrato material para el ejercicio de la libertad. Es la que financia nuestras decisiones, nuestro proyecto de vida; 3. Es condición para ejercer otros derechos y libertades. Si los medios de comunicación por ejemplo están monopolizados por el Estado difícilmente tendremos una opinión pública plural o tendremos instancias imparciales para divulgar nuestros reclamos por sus excesos; 4. Es un límite al poder del Estado”.
  5. Mafalda y “nadie amasa una gran fortuna sin hacer harina a los demás”. Divierte, pero se equivoca, por Martín Krause: “Los emprendedores que compiten en el mercado, bajo reglas de juego que se aplican a todos, amasan fortunas con harina propia (arriesgando su capital), y nos dan los mejores panes de su esfuerzo. Y somos nosotros quienes, en definitiva, sancionamos con nuestras acciones, su destino. Tendrán fortuna en tanto compremos sus productos o servicios, y no la tendrán o la perderán en cuanto dejemos de hacerlo”.

 

El presente artículo fue escrito por Andrés Pino, miembro del Consejo Ejecutivo de Estudiantes por la Libertad, y originalmente publicado en su columna de Curul 85 .

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propositosComo es costumbre, con el inicio de cada año, casi todos hacen una lista de buenos propósitos con la intención de convertirse en una mejor versión de ellos mismos. Algunas de las promesas más comunes son: ponerse en forma, dejar de fumar, conseguir un mejor trabajo, aprender un nuevo idioma, viajar por el mundo, etc. Algunos logran cumplir sus metas; la mayoría no. La falta de disciplina y paciencia por lo general terminan evaporando la esperanza de muchos.

Estos propósitos tienen su paralelo en las problemáticas del país y el trabajo del gobierno. A muchos nos gusta pensar que un El Salvador distinto es posible y que el gobierno pudiera hacer una mejor labor si tan solo se propusiera y disciplinara en seguir ciertos principios que a nuestro juicio son indispensables para lograrlo. En mi caso, dado que soy un partidario de la libertad y creo firmemente que en lo se refiere al gobierno “más vale poco y bueno, que mucho y malo”, considero que debería de seguir los siguientes “propósitos de año nuevo”:

1.    Privatizar los servicios públicos. Tal como indicó recientemente la diputada Jackelin Rivera, del FMLN, no es secreto alguno que el gobierno es un mal administrador de recursos. A diferencia del sector privado, en donde las consecuencias del uso inapropiado de los bienes recae directamente sobre sus encargados, carece de los incentivos necesarios para proveer servicios a buen precio y alta calidad. Si el gobierno desea contribuir al bienestar de la población, no tiene otra opción más que dejar al mercado proveer salud, agua, electricidad, educación, etc.

2.    Reducir  el gasto público, la deuda y los impuestos. Pareciera que con cada sesión plenaria el costo del gobierno aumenta. Esto, además de comprobar que nada de lo que los políticos nos prometen es “gratis”, también compromete el futuro de las próximas generaciones, desalienta el trabajo, el ahorro y la inversión. Antes de que el país  colapse como Brasil o Grecia, el gobierno debe enfocar gran parte de sus esfuerzos en reducir los costos de todas aquellas actividades que no son necesarias para la defensa de la vida, la libertad y la propiedad de las personas.

3.    Liberar el mercado y dejar de proteger las industrias nacionales de los rigores de la competencia. “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”, esas fueron las palabras que escribió Juan Bautista Alberdi para explicar que la prosperidad es hija del libre trabajo. A un nivel muy básico, es indispensable que el gobierno entienda que el mejor remedio contra la pobreza es la libertad económica. Por ende, tiene que hacer todo lo posible por reducir su intervención en los asuntos empresariales y dejar de otorgar favores a sectores “indispensables” para la economía.

4.    Ampliar a los individuos el derecho a tomar decisiones importantes en sus vidas. Algunos políticos aún ven peligroso darle a las personas demasiada libertad sobre sus vidas. Todavía creen en el mito de que si a estas no se les  controla y dice qué hacer, inevitablemente abusarán de su libre albedrío y tomarán malas decisiones. Lo cierto, es que a mayor libertad, mayor oportunidad para los individuos para crecer y mejorar. No es casualidad que en aquellos países en donde el gobierno respeta las decisiones de sus ciudadanos, hay más armonía entre ellos. Por tal motivo, si el gobierno desea una sociedad más responsable y pacífica, este debe dedicar una porción de su tiempo en eliminar todas aquellas iniciativas que minan la autonomía personal.

A mi juicio, si el gobierno se disciplina y tiene la paciencia en cumplir estos “propósitos de año nuevo”, para cuando termine el “2017” habrá un mejor El Salvador. De lo contrario, si se rinde a mitad de camino y continúa con sus malos hábitos, volveremos a articular los mismos deseos de este año para el año siguiente… y así una y otra vez hasta que ya no se pueda más.

 

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El presente artículo fue escrito por Ludwig Laborda, Coordinador Local de Estudiantes por la Libertad Venezuela y Editor del Blog de EsLibertad.

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el-cheLa primera vez que escuché estos términos hice algo que siempre hago cuando consigo palabras nuevas: preguntar. La respuesta que recibí fue algo así como “eso es cualquier colectivista a favor de la planificación central”. Sin saber el origen de esas palabras, llegué a usarlas varias veces.

Un día que tuve ocio, busqué esas dos palabras en un diccionario y encontré que ambas palabras tienen un alto contenido peyorativo e, incluso, se usan en este sentido.

1.- Ñángara:

  1. f. rur. Hond. p. us. ñácara. (Llaga en la piel de una persona o animal)
  2. m. y f. despect. coloq. Cuba, Hond. y Ven. Militante o simpatizante de un partido de izquierdas.

2.- Mamerto:

  1. adj. desp. Tonto, lechuguino.

Siendo libertario, considero que la difusión de la libertad es muy importante, en especial actualmente por la penetración de las ideas colectivistas en los individuos.

Mucho se ha dicho, pues, sobre la necesidad de replantearnos como libertarios para compartir las razones por las cuales la libertad es tan relevante para la pervivencia de la humanidad. Entre lo dicho se ha afirmado que es fundamental imprimirle emoción a esa actividad de difusión. Y en este punto hay que reconocer que los colectivistas (en especial los nacionalistas) han sido muy exitosos en esto. En general, han sido muy exitosos en la difusión. ¿Qué hay de los libertarios? En general, cuando hemos impreso emoción al discurso ha sido para usar términos despectivos y soeces contra aquellos individuos que tienen un punto de vista de la sociedad diferente al nuestro.

Si lo tienen merecido o no, no es relevante aquí. Lo que quiero resaltar es que, al expresarnos de manera peyorativa hacia el otro restamos más que sumamos puesto que aquellos que nos escuchan y que no entienden muy bien la diferencia entre un socialista y un liberal van a ver a un individuo que agrede (libertario) y a un individuo agredido. Y sucede que tendemos a ponernos de parte de quien creemos que es el agredido.

Si de algo presumimos los libertarios es de leer, estudiar e informarse para ofrecer los mejores argumentos en pro de la libertad. Yo pienso que si usamos más un discurso que invita y que se centra en los puntos débiles de la argumentación de quienes piensan diferente tendremos más oportunidades de atraer al público que escucha o lee nuestros debates.

Algo que puede ayudar a esto es recordar siempre que a quién nos estamos dirigiendo es a otro ser humano como nosotros que podría muy bien ser un pariente o un amigo con ideas diferentes.

También puede ocurrir que el individuo en cuestión tan sólo está repitiendo lo que escucha a su alrededor. Creo que la mayoría de nosotros sabe la gran difusión que han tenido las ideas de Marx y que los hay quienes hablan de “la explotación laboral” sin ser marxistas.

Si abordamos a alguien así con un discurso cargado de resentimiento (que lo sé yo que es posible porque vivo en Venezuela) porque ponemos en ese individuo toda la rabia que nos produce el recordar las consecuencias que ha tenido el socialismo para la humanidad, tan sólo vamos a ahuyentarlo y a reafirmarle las ideas que ya traía, es decir, que el socialismo es bueno y cualquier otra ideología (grupo de ideas) es mala.

Por lo anteriormente planteado es que invito (y esto va más para mí que para nadie) a revisar las expresiones que usamos cuando nos referimos a aquellos individuos con ideas diferentes a las nuestras y a recordar que es importante siempre señalar el hacer y no el ser o la individualidad de un humano.

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El presente artículo fue escrito por Nelson David Chávez Salazar, miembro del Equipo de Bloggers de Eslibertad.

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sovietizacion 1

Colombia pasará a la historia como el primer país del mundo en el que el socialismo marxista [1] llegó al poder gracias a un acuerdo de paz, firmado entre el gobierno nacional y la guerrilla de las FARC. El documento contempla seis puntos: 1) Reforma agraria, 2) Participación política para la guerrilla, 3) Condiciones para el fin del conflicto, 4) Continuación de la fallida guerra contra las drogas, 5) Reparación a víctimas (con impunidad a bordo para los comandantes guerrilleros) y 6) Mecanismos de refrendación. De dichos puntos, me referiré al primero de ellos por ser el que manifiesta de manera explícita el anhelo totalitario de las partes firmantes.

La Reforma Rural Integral, contemplada en el acuerdo de paz, es el punto que más debilitará el avance de las libertades en Colombia, al concebir un ambicioso proyecto de ingeniería social que convertirá al campo colombiano en una versión tropical y a pequeña escala de su par soviético. Tras su promulgación, el Estado (ahora con la guerrilla incorporada en su seno) mermará la iniciativa privada y pasará a controlar toda la cadena productiva del sector agropecuario, desde el control sobre los medios de producción hasta el consumo final.

¿Cuál es el punto de partida?

Si tuviéramos que definir la situación actual del campo en una sola palabra, esa sería pobreza. Según el último Censo Nacional Agropecuario (2014), el índice de pobreza multidimensional en el sector rural es del 44,7%, que equivale al doble del registro total nacional para ese año, que fue del 21,9% y al triple del índice urbano que se ubicaba en 15,4%. Vale la pena aclarar que este indicador refleja las carencias graves que los individuos sufren al mismo tiempo, por lo que se conoce como un indicador de pobreza severa.

El profesor Miguel Anxo Bastos (2007) explica que la causa de la pobreza de los agricultores en países del tercer mundo, como Colombia, radica en dos factores: la baja tasa de capitalización y la existencia de barreras institucionales que impiden que sus productos alcancen el precio de mercado.

Revisemos los datos. En relación con el nivel de capitalización, sólo el 16,4% de los productores agrícolas cuentan con maquinaria. De ese segmento, el 88,5% cuenta con maquinaria liviana (fumigadoras, cortacéspedes, motosierras, motobombas, entre otros), apenas el 11,5% tiene acceso a maquinaria pesada (cuarto frío, planta térmica, tractores, cosechadoras, embarcaciones, entre otros).

Por otra parte, sólo el 33,3% de los agricultores utilizan algún sistema de riego, principalmente, la aspersión artesanal, que es la técnica menos sofisticada; y únicamente el 16,4% de las unidades productivas agropecuarias cuentan con infraestructura adecuada para el desarrollo de sus actividades. Finalmente, sólo el 16,5% recibió asistencia técnica y un escaso 10,7% ha solicitado crédito (en el 88,4% de los casos se ha aprobado).

Estas cifras permiten inferir que el nivel de capitalización de los agricultores colombianos es muy bajo, por ende, su productividad también lo es. A manera de ejemplo, eso significa que mientras el agricultor del primer mundo es capaz de producir 12 toneladas de trigo en una jornada de trabajo de ocho horas, contando con maquinaria y técnicas sofisticadas, el agricultor colombiano produce una irrisoria cantidad de 100 kilos en todo el día, enfrentando difíciles condiciones laborales.

Además de la baja capitalización, que conduce a rezagos en la productividad, el agricultor colombiano se enfrenta a condiciones de tipo institucional que dificultan el progreso del sector, entre las que se destacan las siguientes: una cultura poco favorable al ahorro (preferencia temporal por el consumo presente alta) y aún peor, a su transformación en inversión, el propio conflicto armado, derechos de propiedad débilmente establecidos, una cultura de dependencia basada en el otorgamiento de subsidios y otra clase de ayudas estatales, la difusión de ideas erradas sobre el desarrollo y el desprecio a todo lo que huela a empresario.

Detengámonos en los cuatro últimos aspectos. En primer lugar, tenemos el tema de la propiedad. Según el Censo Nacional Agropecuario, el 82,2% de las unidades productivas agrícolas están bajo el régimen de propiedad privada. De manera desagregada, el 72,7% corresponde a tenencia propia, mientras que el 9,5% restante corresponde arrendamiento. El 11,5% son de propiedad colectiva, el 4,5% de propiedad mixta y el 1,5% están bajo aparcería.

En cuanto a extensión, el 75% del total de unidades de producción tiene menos de 5 hectáreas. El 9%, entre 5 y menos de 10; el 11,7%, entre 10 y menos de 50; el 2,2%, entre 50 y menos de 100; el 1,7%, entre 100 y menos de 500; el 0,2%, entre 500 y menos de 1000, y el 0,2% restante tiene más de 1000 hectáreas. Según el Censo Nacional Agropecuario, el 73% del área rural pertenece a este último segmento. Más adelante, cuando se presenten los puntos de la Reforma, profundizaremos en el fenómeno de “concentración de tierras”.

Si bien en Colombia prevalece el régimen de propiedad privada, la forma en la que se adquirió y los mecanismos que garantizan su protección son de dudosa naturaleza. Durante el transcurso del conflicto armado, las guerrillas marxistas se han apoderado de vastas extensiones de tierra y se han valido de artimañas legales para presentarlas como propiedad legítima. Así mismo, el Estado ha desplegado su poder de coerción sobre muchos agricultores. Instituciones como el han “sugerido” al gobierno colombiano expropiar tierras a campesinos improductivos para concedérselas a grupos empresariales amigos.

A partir de lo anterior, puede inferirse que en Colombia existe un monopolio de tierras, tal como lo definiera Murray Rothbard (1998). Esto es, la imposición de reclamaciones arbitrarias (tanto de la guerrilla como del gobierno) sobre la propiedad del suelo, en detrimento de los intereses de sus legítimos propietarios.

Una variable proxy que se usa para evaluar la defensa de los derechos de propiedad (en general, no sólo en el campo) es el indicador de “protección contra riesgos de expropiación”, el cual se puede ver en la Guía Internacional de Riesgo País, publicada por Grupo PRS. La escala va de 0 a 4. A medida que aumenta el número, disminuye el riesgo. Colombia obtiene una calificación de 3 sobre 4. No tan mal dirían algunos. Sin embargo, ese es el mismo puntaje que obtienen países como Vietnam, Costa de Marfil y Mozambique.

En cuanto a la definición de derechos de propiedad, la mayoría de pequeños y medianos agricultores no cuentan con títulos formales de propiedad. Al respecto, cabe destacar que no es necesario que el Estado intervenga en su definición, el mercado puede hacerlo. Posteriormente, se verá cómo.

Los derechos de propiedad no son una cuestión menor. Todo lo contrario. Según el célebre economista peruano Las sociedades que mejor definen los derechos de propiedad son las que presenten mayores niveles de capitalización y, a la postre, niveles más altos de desarrollo (Williamson, 2011).

Pasemos ahora a la cultura de dependencia que se vive en el campo. Cabe destacar que éste no es un problema que afecte únicamente a los países subdesarrollados, también se extiende al primer mundo. Son harto conocidos los casos de Canadá y Estados Unidos, dos de los países que más subvencionan la agricultura en el mundo.

En el caso de Colombia, el  92% de los recursos que el gobierno destina al sector agropecuario corresponde a subsidios. En función del PIB, Colombia es el país que más subsidia al campo en América Latina. De igual manera, trece subsectores del agro gozan de generosos apoyos crediticios a tasas de interés subsidiadas. Adicionalmente, está la carga burocrática, que incluye un poderoso Ministerio de Agricultura y cientos de entidades menores, como fondos de estabilización de precios, organismos de vigilancia y agencias de regulación. Por si fuera poco, también se suma el poder de los gremios, que no son más que asociaciones de políticos (varios de ellos con militancia partidista) disfrazados de empresarios. Ellos son los que engrasan la maquinaria del mercantilismo en el sector agropecuario, obteniendo toda clase de dádivas por parte del gobierno de turno.

Pasando a otro punto del análisis, existe la idea generalizada de que el desarrollo económico depende, exclusivamente, de la producción de bienes industriales. El profesor Miguel Anxo Bastos (2007) nos recuerda que “lo que importa no es lo que se produce sino el margen de beneficio que se le extrae a lo que se produce” (p. 153). Existen países desarrollados como Finlandia que basan su prosperidad en productos del sector primario y países pobres como la India que le apuestan a los productos industriales como forma de desarrollo.

Por último, refirámonos al desprecio que se tiene por los empresarios.  Ciertamente si el éxito empresarial de un individuo o grupo es el resultado de favores concedidos por el Estado, como la eliminación de competidores o protección especial frente a pérdidas económicas, los libertarios no podemos más que unirnos a ese sentimiento de desprecio. Si, por el contrario, el éxito empresarial es producto de la creatividad y el esfuerzo personal, no tendremos nada que objetar. Lastimosamente, en la cultura latinoamericana, especialmente en la colombiana, se desconfía de todo aquel que posee dotes empresariales, incluso si son el fruto de una inteligencia y un talento excepcionales. En el sector agrícola esta desconfianza se vive al máximo. Es frecuente escuchar propuestas como la estatización del suelo y la expropiación, a sangre y fuego, de los grandes terratenientes. La reforma agraria contemplada en el acuerdo de paz de cierta manera obedece a estos reclamos.

Llegados a este punto, me gustaría destacar el trabajo de algunos empresarios como Mauricio Samper, director de Seaf, una empresa que ha realizado exitosas inversiones en pequeñas y medianas empresas del sector agropecuario, o Bill Randall, gerente de Pacific Agri Capital, compañía que financió un ambicioso proyecto de producción de cacao, único en su género. A estos héroes del capitalismo, que desafían barreras culturales sólo les debo admiración.

La “Reforma Rural Integral”

Como hemos visto, el agro colombiano carece de muchos de los elementos que caracterizan una auténtica economía de mercado. Contamos con un sector rudimentario, monopolizado (en el sentido de Rothbard) y fuertemente politizado e intervenido. Lo trágico de esta Reforma es que llevará estos males a su máxima expresión, al aplicar nada menos que la utopía leninista.

Para algunos, afirmar que el campo colombiano se “sovietizará” puede parecer una exageración. Contestaré a este reclamo, enunciando los siete elementos que caracterizaron el modelo agrario practicado en el orbe soviético (Schroeder, 1991):

  1. La propiedad pública (o predominantemente pública) sobre la tierra y el capital
  2. La asignación de tierra y capital por vía burocrática,
  3. El ordenamiento de la producción mediante planes centrales,
  4. Seguimiento de objetivos de producción, establecidos por el gobierno,
  5. Existencia de un sistema de precios artificiales (por encima de los precios de mercado),
  6. Existencia de negocios privados, pero subordinados al Estado y
  7. Existencia de cuasi-mercados de factores productivos.

La Reforma propuesta en el acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC contempla todos esos elementos, como veremos a continuación.

La sola idea de reforma rural es nefasta

 En los países tecnológicamente atrasados, donde predomina la producción agrícola primitiva, aún se cree que la solución a esos problemas radica en la implementación de una reforma rural, una idea decimonónica que no es más que la redistribución de la propiedad de la tierra mediante la acción del Estado, que se la quita a los grandes propietarios para otorgársela a los pequeños campesinos.

Ludwig von Mises se refirió al tema de la reforma agraria. Para él, esta idea, presuntamente inspirada en la igualdad, establece un sistema de privilegios y discriminación, pues implica dar a cada agricultor una porción de tierra igual o similar a la de los demás sin importar quién sea más productivo. En ese sentido, los campesinos menos eficientes reciben beneficios injustos en perjuicio de los más eficientes (Mises, 1980).

Los partidarios de la reforma agraria ignoran alegremente que la tierra es un medio de producción y que si se le da un uso agrícola se comporta como un bien de capital (Rothbard, 2009). Teniendo en cuenta la primera característica, repartir la tierra por partes iguales es como distribuir fábricas u otros medios de producción por partes iguales. Algo absurdo y sumamente perjudicial.

Decía que los consumidores también se ven afectados por la reforma agraria. La razón es que se verán obligados a pagar por productos producidos por agricultores ineficientes, lo que se traduce en precios más altos que los del mercado. Como cualquier reforma agraria, la propuesta en el acuerdo de paz conducirá a lo mismo. Después de este largo rodeo, miremos por fin los puntos que contempla el documento:

 

sovietizacion 2

1. Filosofía soviética para el campo

 La Reforma Rural habla de la consolidación de un “Nuevo Campo Colombiano”, a partir de una serie de principios que bien podrían encontrarse en algún Plan Quinquenal de la URSS. A saber:

  • Transformación rural con igualdad.
  • Equilibrio entre los distintos “modos de producción” existentes.
  • Igualdad y enfoque de género (una de las metas del marxismo cultural).
  • Bienestar y buen vivir. Este principio busca la erradicación de la pobreza y la satisfacción plena de las necesidades de los habitantes de las zonas rurales. Recuerda mucho la célebre frase de Marx “De cada cual según sus capacidades, a cada cuál según sus necesidades”.
  • Integralidad, que garantice el goce efectivo de los “bienes públicos” como salud, vivienda, educación, infraestructura y conectividad.
  • Regularización de la propiedad.
  • Desarrollo sostenible (herencia de la manía verde-socialista moderna).
  • Presencia del Estado en todo el sector rural.
  • Uso adecuado de la tierra. Con este principio se pretende “devolver la tierra a quienes la trabajan”, promoviendo el acceso a la misma y reglamentando su uso.

 

 2. Creación de un Fondo Público de Tierras y subsidios (sí, más de los que ya existen)

Con el fin de materializar el propósito de redistribución de la tierra se contempla la creación de un Fondo de Tierras, de carácter perpetuo, que durante los primeros doce años de existencia dispondrá de tres millones de hectáreas, adquiridas vía expropiación, para ser repartidas de manera gratuita entre todos aquellos campesinos “sin tierra” (¿es eso posible?) o con “tierra insuficiente”. Si bien la Reforma no establece un rango numérico que permita declarar la condición de insuficiencia, ya sabemos que los poseedores de unidades de producción de menos de cinco hectáreas representan el 75% de la población rural. Ese sería el porcentaje mínimo de agricultores que se beneficiarían de la redistribución.

La expropiación se justificará por motivos de “interés social o de utilidad pública”. El principal de ellos es la tenencia de tierras improductivas. Al parecer, los artífices de la Reforma desconocen, por lo menos, dos cosas: 1) que no todas las tierras son fértiles. Si hay tierras improductivas no es porque el agricultor sea un holgazán sino porque es imposible obtener algún producto de allí; y 2) que en la agricultura, es necesario dejar de sembrar por temporadas para que la tierra descanse. En cualquier caso, la irracionalidad expropiadora del Estado le ganará la partida a la ciencia.

De esa manera, se cumplirá una predicción hecha por Murray Rothbard (1998), quien decía que cualquier reforma agraria lo único que logrará es la transferencia (siempre violenta) de las tierras menos fértiles a los campesinos.

Por otra parte, los arquitectos de la Reforma desconocen una verdad económica: que la tierra agrícola, al ser un bien de capital, genera rentas. En condiciones de libre mercado, las tierras con rentas más altas serán las que se exploten y su precio de mercado estará determinado por la concurrencia de tres factores: la suma de las rentas, su durabilidad (como bien físico) y las tasas de interés –que bajo libre mercado estarían en sus niveles naturales–.

Con la redistribución de tierras se olvida todo eso. Su explotación ya no se hará en función de su rentabilidad sino por el motivo que el gobierno decida. Con ello se fortalece la situación de monopolio de tierras que vive el país. .Cuando el gobierno interviene en la distribución de tierras está generando un arreglo artificial de las condiciones del campo que ocasiona una elevación en los precios de los productos agrícolas. Es así como se explica el daño que este tipo de medidas causan al consumidor.

Hay más todavía. La Reforma contempla dos mecanismos adicionales para garantizar el acceso a la tierra: el otorgamiento de subsidios para los campesinos que, por circunstancias muy puntuales, no puedan acceder al Fondo de Tierras y la creación de una línea de crédito (a tasas de interés subsidiadas) para la compra de tierra en el largo plazo. Con la manipulación de las tasas de interés, el precio de la tierra se verá distorsionado. La consecuencia lógica es la desaparición del libre mercado de tierras en Colombia, si es que alguna vez lo hubo.

La Reforma plantea que en el marco de estos programas (Fondo de Tierras y subsidios) se mantendrá a raya la especulación. Recordemos que, para sus autores, ésta es una mala palabra. Los amantes de la libertad sabemos que no lo es. La especulación es parte inexorable de la acción humana y en una economía resulta altamente beneficiosa, pues permite “coordinar intertemporalmente el uso presente de los recursos con su previsible escasez futura” (Calzada, 2006). En el caso de las tierras, el especulador cumple dos funciones: por un lado, conservar aquellas que puedan tener gran valor en el futuro, reduciendo así el efecto de las fluctuaciones de los precios (Calzada, 2006), y por el otro, otorgar el uso que demande el consumidor, atendiendo a sus deseos y necesidades. Efectivamente, la Reforma acabará con la especulación económica, pues no habrá libre mercado. En su lugar florecerá la especulación política.

 Lo que acabamos de observar se relaciona con tres principios del modelo soviético: la propiedad pública sobre la tierra y el capital, la asignación de estos factores por vía burocrática y la existencia de cuasi-mercados de factores productivos.

3. Burocratización del agro

El Estado no solo entregará la tierra, sino que también establecerá los lineamientos generales para su uso. Según la Reforma, con esto se busca generar una agenda común de desarrollo. Así mismo, se pondrán en marcha una serie de planes nacionales para tender aspectos como la construcción de infraestructura (vial, de riego y eléctrica), salud, educación, vivienda, asistencia técnica, formalización laboral y generación de ingresos para los campesinos más pobres. Dichos programas, como era de esperarse, están basados en el otorgamiento de subsidios, crédito barato, “estímulos productivos”, seguros de cosechas, entre otros. Estos instrumentos se conocen como “palancas económicas” y fueron utilizados, en principio, por los países del Telón de Acero (Schroeder, 1991).

Con esta Reforma, la función empresarial, libre y creativa, será reemplazada por la arbitrariedad e ineficiencia de la planificación central. En la práctica, esto equivale a la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción, lo que imposibilita el cálculo económico. La consecuencia es una distorsión en los precios de los productos agrícolas, los cuales dejaran de reflejar los costos de oportunidad del productor.

Se cumplen así tres principios del modelo soviético: el ordenamiento de la producción por medio de planes centrales, el seguimiento de objetivos de producción, determinados por el gobierno y la existencia de un sistema de precios artificiales, siempre por encima de los precios de mercado.

4. Regularización de la propiedad

 La Reforma propone alcanzar una “adecuada definición y protección de los derechos de propiedad”. Para ello, establece la creación de un grupo de burócratas que realice recomendaciones normativas que permitan regularizar los derechos de propiedad de todos los ocupantes y poseedores de “buena fe”.

Esto no es ninguna definición ni, mucho menos, protección de los derechos de propiedad. Como explican los propios autores de la Reforma, se trata de una “regularización de la propiedad”, es decir que el Estado es el que decide el uso de la misma. La regularización se hará efectiva a partir del establecimiento de una “jurisdicción agraria” que se encargará de planificar el uso de la tierra a nivel nacional y atender los “conflictos” que se generen entre propietarios.

Los presuntos propietarios de los que habla la Reforma trabajarán en tierras concedidas por el Estado, siguiendo sus dictámenes. Este punto lanza por la borda la propiedad privada. De lo cual podemos esperar que el único conflicto que se dibuje en el horizonte sea entre la Libertad y el Poder, no entre propietarios libres.

La propiedad privada es el mecanismo que facilita la asignación de recursos. Por eso debe ser protegida. Como se anticipó en la primera sección, para este menester no es necesario que exista el Estado. Los derechos de propiedad pueden definirse adecuadamente mediante otros instrumentos. Uno de ellos es el Derecho Consuetudinario, el conjunto de normas, tradiciones y costumbres que de manera espontánea facilitan la cooperación y los intercambios entre los miembros de la sociedad. Infortunadamente, la cultura latinoamericana no es proclive a la defensa de la propiedad privada. En ello difiere sustancialmente de otras culturas como la anglosajona.

Otro instrumento que permite establecer derechos de propiedad, sin necesidad de Estado, lo ofrece la tecnología del blockchain, la misma que respalda el bitcoin. Con el uso de esta plataforma es posible establecer un sistema de títulos de propiedad, con los más altos estándares de seguridad y transparencia, y a bajo costo. Esta alternativa privada resulta mucho más conveniente que la estatal, la cual es más costosa y reporta menos beneficios: la burocracia se mueve mucho más lento que la tecnología y responde a incentivos perversos.

En Honduras se intentó desarrollar un proyecto de este tipo. Al igual que en Colombia, allí, muchos agricultores no cuentan con títulos de propiedad formales sobre sus parcelas. La empresa estadounidense Factom se ofreció a resolver el problema, usando la tecnología del blockchain. El proyecto se estancó por los obstáculos impuestos por el gobierno.

El gobierno colombiano se ha beneficiado del monopolio sobre la emisión de títulos de propiedad. En algunos casos, extiende su dominio sobre vastas porciones de tierras “baldías” castigando el acceso a las mismas, por parte de agentes privados. En otros casos, entrega propiedades a sus amigos, llámense empresarios clientelistas o jefes gremiales. A ello se le suma el despojo masivo perpetrado por las guerrillas marxistas, quienes han llegado a apropiarse de miles de hectáreas. Posiblemente, ésta sea la explicación al fenómeno de concentración de tierras que vive el país.

Las tierras de las FARC podrían pasar al Fondo de Tierras a través de la donación, un mecanismo planteado en la reforma que de manera subrepticia sirve para favorecer los intereses de la guerrilla. A los grandes terratenientes que hayan adquirido sus tierras de manera honesta sí se les aplicará todo el rigor de la expropiación.

5. Colectivización de la tierra

El Estado diseñará un sistema de catastro rural para determinar qué tipo de predios existen en Colombia y quiénes son sus propietarios. Esto le permitirá identificar las propiedades de terratenientes y empresarios honestos, para expropiarles, en el largo plazo, y gravarles con el “Impuesto Predial Rural”, en el corto plazo. Este tributo es de carácter progresivo y tiene como norte el logro de la “equidad” y la “justicia social”. Para asegurar su pago, se creará un estricto sistema de recaudación.

Según Robert LeFevre (1987), destacado empresario y activista libertario del siglo XX, gravar la tierra es una forma indirecta de colectivizarla. No obstante, la reforma también plantea medidas directas de colectivización, como la imposición del modelo de “economía campesina, familiar y comunitaria”, mediante el cual se agrupará a los campesinos en cooperativas para el desarrollo de proyectos de producción comunes y la multiplicación de las “Zonas de Reserva Campesina”, que son territorios de propiedad colectiva, ya existentes en el ordenamiento jurídico colombiano, semejantes a los koljoses soviéticos.

Con este punto, se cumple el principio que nos faltaba: la existencia de negocios privados (mientras los haya), pero subordinados al Estado.

6. Control de la distribución

 La reforma afectará toda la cadena productiva del sector agropecuario. En el eslabón de la distribución, se contempla la creación de una red de centros de acopio controlados por el Estado, en un modelo similar al chino, que tendrán el objetivo de acabar con los mecanismos de distribución del mercado. Se insiste en la necesidad de minimizar progresivamente la intermediación, para reducir así el precio final que paga el consumidor. Sin duda alguna éste es el planteamiento más hipócrita del documento. Con la burocratización de la producción y la desaparición de los mercados libres de tierras y alimentos, se generará un sobreprecio, aún eliminándose la intermediación privada.

7. Estado consumidor

 El Estado también actuará por el lado de la demanda, comprando las cosechas (que el mismo ordena) a un precio mínimo de garantía. Los agricultores no podrán vender sus productos en el mercado por debajo de ese precio, con lo cual se perjudicará aún más al consumidor con precios excesivamente altos. Una distorsión tras otra del sistema de precios. Por otra parte, se generarán excedentes de producción inútiles, sólo para satisfacer el apetito estatal.

8.Politización del consumo

 La Reforma establece la creación de un Consejo Nacional de Alimentación y Nutrición, que tendrá el objetivo de formular una política alimentaria única, basada en la promoción de “hábitos saludables” entre la población rural. Sin embargo, nada impide que se extienda también a las ciudades.

Por otro lado, se incentivará el consumo exclusivo de productos colombianos, esto con el fin de restringir los efectos de la internacionalización y liberalización de la economía, abogando por el establecimiento paulatino de la autarquía.

 

La fatal ignorancia

La “Reforma Rural Integral” es la sentencia de muerte del campo colombiano. Las medidas socialistas que allí se establecen terminarán por hundirlo aún más en la situación de atraso y pobreza que históricamente ha vivido. Es imposible que con su aplicación el sector agropecuario se intensifique en capital e incremente su productividad. Con la eliminación de la propiedad privada (mediante expropiaciones y gravámenes) se disolverá cualquier atisbo de desarrollo, pues el mecanismo institucional que lo genera ya no existirá más. El campo sufrirá una larga agonía. La sovietización será lenta y progresiva. No obstante, existe un halo de esperanza: la opinión pública puede movilizarse en contra de la Reforma y presionar su reversión. Quizás no sea demasiado tarde para un cambio de dirección.

 


[1] Hans Hermann Hoppe (1989) establece varias clases de socialismo. Las más importantes son el socialismo “al estilo ruso”, o de extracción marxista, que aboga por la colectivización de los medios de producción, y el socialismo socialdemócrata, que en apariencia tolera la iniciativa privada, pero exige regulaciones y el control directo del Estado en diversos sectores económicos. La diferencia entre ambos es más de grado que de especie.


Bibliografía

Bastos, M.A. (2007). La justicia del comercio. Un análisis crítico de los fundamentos del comercio crítico. Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas, Vol. 6, Núm.2, pp. 145-160.

Calzada, G. (2006). La propiedad privada por los suelos. [En línea] Instituto Juan de Mariana. Disponible en: https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/articulos-en-prensa/la-propiedad-privada-por-los-suelos

Hoppe, H.H. (2010). A Theory of Socialism and Capitalism. Auburn, AL.: Ludwig von Mises Institute.

LeFevre, R. (1987). The Philosophy of Ownership. Orange, CA.: Pine Tree.

Mises, L. (1980). La Acción Humana. 4 ed. Madrid: Unión Editorial, S.A.

Rothbard, M. (1998). The Ethics of Liberty. 2 ed. New York, NY.: New York University Press.

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Schroeder, G. (1991). The Dismal Fate of Soviet-Type Economies: Mises was Right. Cato Journal, Vol. 11, No.1, pp. 13-25.

Williamson, C.R. (2011). The Two Sides of De Soto: Property Rights, Land Titling, and Development. En: E. Chamlee-Wright., The Annual Proceedings of the Wealth and Well-Being of Nations, 2010-2011. Beloit, WI.: Beloit College Press.

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Eventos en la región

Argentina

El día 2 13 de noviembre, el equipo de EsLibertad Argentina llevó a cabo en la Federación Económica de Corrientes, una charla dirigida a 17 jóvenes, dictada por Eduardo Marty, Contador Público por la Universidad Nacional de Buenos Aires, y economista. Fundador y Director General de Junior Achievement Argentina, la ONG de formación emprendedora líder de Argentina y Presidente de la fundación Educación para el Futuro (NFTE). La charla fue muy productiva y llena de preguntas interesantes.

Noviembre 1

Venezuela

¡Venezuela ha tenido la oportunidad de orgnizar todo tipo de eventos este mes!  Tuvieron un foro sobre las elecciones de EEUU que tuvo más de 50 asistentes, un cineforo sobre la caída del muro de Berlín seguida de una representación del muro la cual fue derribada para simbolizar la caída del socialismo en esa época. Siguieron con su campaña en redes #PorUnaVenezuelaLibre y con sus eventos regulares como café e ideas. No faltaron los conversatorios y conferencias en distinas universidades. ¡Increíble el trabajo que hacen en Venezuela!

 

Bolivia

Como tradición de EsLibertad Bolivia, se realizó el campus de la libertad del 4 al 6 de noviembre en la ciudad de Sucre; este campus es similar a un retiro de liderazgo donde se tocan temas sobre las libertades sociales, economía y política. Tuvo la participación de 60 jóvenes de todo el país y fue una gran forma de impulsar a uno de nuestros grupos más jóvenes en EsLibertad Bolivia.

Noviembre 4

Ecuador

Noviembre 5Del 7 al 11 de noviembre EPL Ecuador llevó a cabo La Semana de la Libertad junto al Instituto Ecuatoriano de Economía Política, en celebración del vigésimo séptimo aniversario de la Caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre. Durante esta semana, se llevaron a cabo cinco eventos en diferentes instituciones educativas de Guayaquil y Samborondón. Conferencias, conversatorios, y representaciones del muro de Berlín fueron algunas de las actividades que se organizaron.